Un misterio de Misericordia

8 08 2009

Misa en la Forma Extraordinaria MIC_thumb[3]
Testimonio de un seminarista norteamericano que ha participado, por primera vez, en la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito romano. Se trata del Hermano Thaddeus Lancton MIC, un seminarista residente en Steubenville, Ohio.
***
Recuerdo la voz de mi padre cuando conversando, varios años atrás, me dijo: “Et cum spiritu tuo le decíamos a los sacerdotes en latín”. Es decir: “Y con tu espíritu”.

Él usaría estas palabras en su rol de acólito. Hoy soy, como él, un acólito. Pero a diferencia de mi padre, nunca había acolitado en una Misa Tridentina, la Misa que fue codificada en el Concilio de Trento y que tuvo muy pocos cambios en la forma en que fue celebrada hasta el Vaticano II, cuando fue introducida una nueva forma del Rito Latino.

Gracias al Papa Benedicto XVI, sin embargo, la forma extraordinaria del Rito Latino está ahora al alcance de todos.

Mientras me preparaba con mis hermanos Marianos para la celebración de la forma extraordinaria el día de los Fieles Difuntos en nuestra capilla de Steubenville, Ohio, recuerdo que presté atención a las muchas pinturas en las paredes de la capilla. Estaban el Beato Estanislao Papczynski (1631-1701), fundador de la Congregación de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. El Beato Jorge Matulaitis-Matulewicz (1871-1927), renovador Mariano. Y los mártires marianos de Rosica, Bielorrusia, el Beato Jorge Kaszyra (1904-1943) y el Beato Antonio Leszczewicz (1890-1943).

“Ésta es la forma de la Misa que todos ellos celebraron”, destacó el Padre John Larson, MIC.

En nuestra casa en Steubenville he tenido el privilegio de acolitar en algunas misas “no solemnes”. Pero el 1º de febrero, tuve el don de ser el acólito “del lado de la epístola” para una Misa solemne. La Universidad Franciscana de Steubenville pide a un sacerdote que celebre la forma extraordinaria una vez al mes en la Misa de las 4:00 de la tarde de domingo.

Mientras acolitaba, me sentí paralizado ante la Cruz de San Damián y la imagen de María, nuestra Madre. Me di cuenta de la dignidad del sacerdote: el mismo Padre John, con quien como, rezo, y juego al Uno y al Scrabble. Allí estaba, ofreciendo el Sagrado Cuerpo y la Preciosa Sangre de Jesús. Me sentí tocado por la reverencia, la atención y la devoción de aquellos que participaban. Todos tuvieron paciencia para aguardar al Padre John que distribuía la Santa Comunión a alrededor de 200 estudiantes.

Durante la Misa, hay oportunidad para el silencio. Aunque amo el Novus Ordo – la Misa regular –, este silencio me ha enseñado cómo rezar verdaderamente en la Misa.
(…)
El lenguaje de esta forma extraordinaria habla de un misterio, de un misterio de misericordia. Mientras hay menos “participación” de los laicos, hay mucho más silencio. En Is 30, 15, leemos: “Porque así habla el Señor, el Santo de Israel: en la conversión y en la calma está la salvación de ustedes, en la serenidad y la confianza está su fuerza”.
(…)
¿Por qué?, me pregunto a mí mismo durante la Misa. El cambio es enorme a nivel exterior, pero en un nivel interior, Cristo es el Mismo “ayer, hoy y siempre”. Al experimentar la forma extraordinaria, aprendo acerca de la forma ordinaria, y el cambio de una a otra me ayuda a nunca dar por sentado el maravilloso don de cada Misa: la Misericordia Divina misma, para nosotros pecadores.

Extraído del Blog La Buhardilla de Jerónimo


Acciones

Information




A %d blogueros les gusta esto: