La vía de la belleza para acercarnos al Misterio de Dios

20 11 2009

Esta semana el Santo Padre dedicó su catequesis de la audiencia general de los miércoles al arte cristiano de la Edad Media; especialmente a la arquitectura de las grandes catedrales románicas y góticas.

A continuación facilitamos un resumen de las palabras de S. S. Benedicto XVI:

La fe cristiana, profundamente enraizada en los hombres y mujeres de la Edad Media, “no dio origen solamente a obras maestras de la literatura teológica. (…) También inspiró una de las creaciones artísticas más elevadas de la civilización universal; las catedrales”. Además de condiciones históricas más favorables, como la mayor seguridad política, el fervor artístico al que asiste Europa durante tres siglos, a partir del siglo XI, se debe “al ardor espiritual del monaquismo” gracias al que se construyeron iglesias abaciales “en las que los fieles podían rezar, atraídos por la veneración de las reliquias de los santos, meta incesante de peregrinaciones”. Nacieron así las catedrales románicas, en las que una novedad fue la introducción de las esculturas, cuyo fin más que la perfección técnica era “la finalidad educativa”. De ahí que el tema recurrente fuese “la representación de Cristo, como juez universal, rodeado por los personajes del Apocalipsis. En general, son los pórticos de las iglesias románicas los que presentan esta imagen para subrayar que Cristo es la Puerta que lleva al Cielo”. Las catedrales góticas de los siglos XII y XIII, caracterizadas por “el empuje vertical y la luminosidad”, que “mostraban una síntesis de fe y arte expresada armoniosamente a través del lenguaje universal y fascinante de la belleza”, para “traducir en sus líneas arquitectónicas el anhelo de las almas por Dios” y dotadas de vidrieras “desde las que una cascada de luz caía sobre los fieles para contarles la historia de la salvación”. “La escultura gótica ha hecho de las catedrales una Biblia de piedra, representando los episodios del Evangelio e ilustrando el contenido del año litúrgico, desde la Natividad a la glorificación del Señor. (…) Tampoco faltaban los personajes del Antiguo Testamento, cuya historia era familiar para los fieles”. “Las obras maestras del arte nacidas en Europa en los siglos pasados son incomprensibles si no se tiene en cuenta el ánima religiosa que las inspiró. (…) Cuando la fe, de forma particular celebrada en la liturgia, encuentra al arte, se crea una sintonía profunda, porque ambos pueden y quieren hablar de Dios haciendo visible lo Invisible”, “La fuerza del románico y el esplendor de las catedrales góticas nos recuerdan que la “via pulchritudinis”, es decir, el camino de la belleza, es un recorrido privilegiado y fascinante para acercarse al Misterio de Dios”. “¡Que el Señor nos ayude a redescubrir el camino de la belleza, como uno de los itinerarios, quizá el más atractivo y fascinante para conseguir encontrar a Dios y amarlo!”.

Extraído de Una Voce Mallorca

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