Razones para asistir a la Santa Misa según la forma extraordinaria del rito romano

22 11 2009

 Primer motivo. La “curiosidad”.

¿Cómo es la Misa Tradicional, también llamada Tridentina,  Gregoriana  o de San Pío V? ¿El sacerdote da la espalda al pueblo? ¿La Misa es incomprensible por el latín? ¿Los fieles participan activamente? ¿Es un forma del  rito romano anticuada y superada por el hombre contemporáneo? ¿Representa a la Iglesia de otro tiempo? ¿ se puede conocer íntegramente el rito romano ignorando su forma extraordiana?

Sería muy complicado  dar una respuesta válida a estas preguntas si nunca hemos participado  en la Misa Tridentina.

Segundo motivo. Los santos.

Durante muchos siglos todos nuestros  hermanos en la fe, que ya nos han precedido,  han participado de la Santa Misa Tridentina. Una forma de aumentar nuestra comunión con todos los santos y con la tradición de la Iglesia  es conociendo, estimando y participando en la misma liturgia que ellos conocieron, estimaron y de la que participaron durante su peregrinar por esta vida.

A modo de ilustración:

San Antonio Mª Claret, sacerdote y Obispo de Cuba, fue uno de los grandes misioneros del siglo XIX, misionó también en nuestra tierra canaria. Celebraba la Misa todos los días y de ésta provenía su santidad y su celo misionero.

San Juan de la Cruz, sacerdote y Doctor de la Iglesia, es conocido como el gran místico de la Iglesia. Al igual que Claret celebraba todos los días la Santa Misa . Precisamente el santo expresa que por la Misa  se alcanzan los mayores dones místicos.

San Juan Bosco, sacerdote muy conocido como educador de los jóvenes.  Los  mayores amores de Don Bosco eran Jesucristo y su Santísima Madre. Celebraba diariamente la Santa Misa, al igual que Claret y San Juan de la Cruz y a través de ella encontró la inspiración y la constancia en la educación de los jóvenes.

Podemos observar el amor de los Santos por la Misa y el amor con el cual invitaban a los demás a no dejar de acudir a la misma.

Los siguientes motivos están mayormente subrayados en la forma  extraordinaria del rito romano.

Tercer motivo. La belleza.

Podemos constatar la admiración que producen los retablos, las esculturas, las pinturas y la arquitectura católica. Pero todo el arte católico de siglos anteriores está en relación precisamente, con la Misa Tridentina. La belleza que inspira la Misa muestra la solemne majestuosidad del Rito Romano. Si acudimos a Misa Tridentina podemos tener la posibilidad de contemplar una belleza que ha inspirado a un gran número de artistas y que sin embargo ningún artista ha conseguido igualar jamás. El arte tan sólo realza un rito de una belleza singular, extraordinaria, sobrenatural… en una palabra, un rito inspirado por Dios.

Cuarto motivo. La misa nos enseña a respetar a Dios.

 El respeto a Dios es, con toda obviedad, una característica del buen cristiano. Ciertamente Dios es nuestro Padre, pero una mal entendida  confianza puede asemejarnos a hijos caprichosos. El auténtico respeto a Dios nos enseña a amar a Dios desde la verdadera humildad.

Quinto motivo. La Misa nos da la gracia para rezar.

Nos hemos acostumbrado a la espontaneidad. Sin embargo, nos hemos olvidado de la fidelidad. La Iglesia nos enseña por medio de la Misa oraciones que están inspiradas por Dios. La Misa nos enseña a rezar como Dios quiere y no como queremos rezar nosotros, entregados a la espontaneidad.

Sexto motivo. La Misa nos muestra la importancia del sacerdocio ministerial.

Los cristianos han olvidado la función propia de los sacerdotes. Incluso los confundimos con tareas que puede realizar un laico como por ejemplo el auxilio a los pobres. Sin embargo, la Misa nos enseña que tarea tiene un sacerdote para nuestra propia alma; su función única y exclusiva para las almas. En la liturgia tradicional está muy subrayado el carácter sacrificial de la Santa Misa,  sacrificio, por los vivos y difuntos, que es ofrecido al Padre  por el sacerdote que actua in persona Christi.

Séptimos motivo. Por el latín.

En la Iglesia se  habla mucho de  unidad, pero es muy triste comprobar que los católicos no estamos unidos en una misma lengua para rezar a Dios. El latín en la Misa nos une ya que rezamos en una misma lengua a Dios. Hoy existe un gran interés por el inglés, el alemán e incluso por lenguas orientales como el japonés, ¡tengamos el mismo interés por el latín!


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