Libertad y Castidad

23 11 2009

Para el mundo de hoy y, especialmente, para ciertos sectores del mundo actual la castidad es algo incomprensible, una especie de locura senil producto de tiempos oscuros ya arcaicos. Y es que el hombre moderno, con una visión mundana de la libertad y del fin de la vida anda, ciertamente, descarriado.

Siguiendo la distinción de libertad que hace Isaiah Berlin hoy predomina la visión negativa de libertad que consiste en considerarse uno libre cuanto más cosas puede hacer y menos intervención en la esfera individual hay. Es la libertad que Castellani bautizó como la libertad del ¡déjeme en paz! Si a su vez sumamos que el fin último de la existencia se identifica con el placer tenemos una mezcla explosiva: se busca por principio la libertad más aberrante de todas, la libertad para hundirse en los cienos de los placeres más depravados y enfermizos. Es la consagración de la libertad para el vicio, buscando siempre mayores cotas de depravación y libertad para practicarlas. Es el grito de Nietzsche de ser fieles a la tierra, de vivir para la tierra.

Sin embargo, igual que el Alexey de Los Hermanos Karamazov de Dostoievsky, hay algunos espíritus que no se conforman con vivir como animales. Y que convencidos tras serias reflexiones de que Dios y la inmortalidad existen se dicen naturalmente: “quiero vivir para la inmortalidad. No admito compromisos”. Entonces se da la libertad positiva siguiendo con la distinción de Berlin. Aquél que quiere vivir para la inmortalidad, aspirando a los bienes eternos y orientando su voluntad a su posesión se da cuenta de cuantas y cuantísimas cadenas le tienen atado a la tierra y le alejan de tan elevados propósitos. Y con trabajo firme y duro va rompiendo cadenas, desembarazándose de la esclavitud terrena y conquistando el Cielo. La libertad así se convierte en un proceso de conquista interior que a su vez sirve para conquistar la inmortalidad. Y en este luchar y guerrear uno encuentra una cadena especialmente fuerte y robusta, que es la de los placeres carnales. Y una vez destruida esta cadena que nos agarra con fuerte tenaza a la tierra, se ama y se protege grandemente el gran valor de la castidad. La castidad se torna el gran triunfo, el gran bien a cuidar y proteger. La castidad es la cima de la montaña que se ha conquistado, la piedra preciosa que se ha ido a buscar en peligrosa expedición, la corona de la victoria.

Las cosas en la tierra terminan como polvo y ceniza, mas la inmortalidad… ¡ah, la inmortalidad!


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