Misa Tradicional en España

23 01 2010

Ofrecemos una serie representativa de imágenes  que muestran cómo, progresivamente, se va aplicando en España el Motu Propio Summorum Pontificum, asumiéndose con normalidad el Rito Romano íntegramente.

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Madrid

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Cádiz

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Sevilla

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Mallorca

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Coruña

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Pamplona

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Al servicio de la unidad

18 01 2010

Comienza hoy la semana de oración por la unidad de los cristianos,  nos unimos desde este blog a esta intención, y publicamos, por parecernos oportuno,  parte de el  discurso que el Papa  dirigió el día quince de Enero pasado a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a quienes recibió en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

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Señores cardenales, venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos fieles colaboradores:

Es para mí motivo de gran alegría encontraros con ocasión de la Sesión Plenaria y manifestaros los sentimientos de profundo reconocimiento y de cordial aprecio por el trabajo que lleváis a cabo al servicio del Sucesor de Pedro en su ministerio de confirmar a los hermanos en la fe (cfr Lc 22, 32).

Agradezco al señor cardenal William Joseph Levada por su discurso de saludo, en el cual ha llamado la atención sobre las temáticas que ocupan actualmente a la Congregación, además de las nuevas responsabilidades que el Motu Proprio “Ecclesiae Unitatem” le ha confiando, uniendo de modo estrecho al Dicasterio la Comisión Pontificia Ecclesia Dei.Quisiera ahora detenerme brevemente sobre algunos aspectos que usted, señor cardenal, ha expuesto.

Ante todo, deseo subrayar cómo vuestra Congregación participa del ministerio de unidad, que está confiado, de modo especial, al Romano Pontífice, mediante su empeño por la fidelidad doctrinal. La unidad es, de hecho, primariamente unidad de fe, apoyada por el sagrado depósito, del que el Sucesor de Pedro es el primer custodio y defensor. Confirmar a los hermanos en la fe, manteniéndoles unidos en la confesión del Cristo crucificado y resucitado, constituye para quien se sienta en la Cátedra de Pedro el primer y fundamental deber que le ha sido conferido por Jesús. Es un servicio inderogable, del que depende la eficacia evangelizadora de la Iglesia hasta el final de los siglos.

El Obispo de Roma, de cuya potestas docendi participa vuestra Congregación, debe constantemente proclamar: “Dominus Iesus” – “Jesús es el Señor”. La potestas docendi, de hecho, comporta la obediencia a la fe, para que la Verdad que es Cristo siga resplandeciendo en su grandeza y resonando para todos los hombres en su integridad y pureza, para que haya un solo rebaño, reunido en torno al único Pastor.

Alcanzar el testimonio común de la fe de todos los cristianos constituye, por tanto, la prioridad de la Iglesia de todos los tiempos, con el fin de conducir a todos los hombres al encuentro con Dios. En este espíritu confío en particular en el compromiso de este Dicasterio para que se superen los problemas doctrinales que aún permanecen, para alcanzar la plena comunión de la Iglesia, por parte de la Fraternidad San Pío X.

Deseo además alegrarme por el compromiso a favor de la plena integración de grupos de fieles y de individuos, ya pertenecientes al Anglicanismo, en la vida de la Iglesia católica, según cuanto está establecido en la Constitución Apostólica Anglicanorum coetibus. La fiel adhesión de estos grupos a la verdad recibida de Cristo y propuesta por el Magisterio de la Iglesia no es en modo alguno contraria al movimiento ecuménico, sino que muestra, en cambio, su fin último, que consiste en alcanzar la comunión plena y visible de los discípulos del Señor.

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Fuente:  Infocatólica.





Libro “La Reforma de Benedicto XVI”

14 01 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La creciente disponibilidad del libro de Mons. Nicola Bux “La reforma de Benedicto XVI” es nuestra oportunidad para alejarnos un poco de nuestro usual centro de atención – la aplicación del motu proprio “Summorum Pontificum” – para hacer revista de la “reforma de la reforma” que el Santo Padre ha iniciado en la Liturgia. Es también ocasión para considerar qué tipo de relación emergerá, lentamente, entre las dos formas de la Liturgia romana.

La importancia de la publicación de este libro está dada primeramente  por la estatura del autor.Mons. Nicola Bux, profesor de liturgia y teología sacramental en el Instituto Ecuménico-Patrístico de Teología de Bari, Italia, es consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Causas de los Santos, consultor también de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, asesor del periódico Communio, autor de varios libros.

El primer objetivo del motu proprio “Summorum Pontificum” es claro: posibilitar que la Misa tradicional se celebre en todas las parroquias donde sea pedida. El MP se habrá aplicado verdaderamente cuando veamos la Misa dominical de las 10:00 celebrada en la forma ordinaria y la Misa de las 11:00 en la forma extraordinaria, o viceversa, en las catedrales de Dublín y Detroit, en las catedrales de Boise y Aberdeen. En una palabra: en lo que concierne a la aplicación del MP, aún estamos en el punto de partida.

El segundo objetivo del MP, aunque implícito, es obvio de todas formas, debido a todo lo que el Cardenal Ratzinger ha dicho sobre el tema en el pasado, y al deseo expresado en el texto del 2007: un “enriquecimiento mutuo” de las dos formas, que desde entonces coexisten oficialmente. Enriquecimiento: todos saben que la forma más obviamente “rica” es aquella que se beneficia de una tradición ininterrumpida de diez siglos (o incluso diecisiete siglos en su parte esencial, el Canon), y cuyo valor doctrinal y ritual es al menos similar al de las otras grandes liturgias católicas. En su libro, Nicola Bux escribe: “Los estudios comparativos demuestran que la liturgia romana en su forma preconciliar era mucho más cercana a la liturgia oriental que la liturgia actual”. Esto es tan cierto que nadie puede seriamente negar que la forma que primera y mayormente necesita ser enriquecida -transformada es la liturgia que fue apresuradamente diseñada hace cuarenta años. De hecho, como señala Nicola Bux, “[uno] tiene que admitir que la Misa de Pablo VI está lejos de contener todo lo que se encuentra en el Misal de San Pío V”.

Se ha hecho costumbre llamar “reforma de la reforma” a este proyecto de enriquecimiento transformación de la reforma de Pablo VI en vistas a hacerla más tradicional en contenido y en forma. Aunque sería una exageración decir que la reforma de la reforma es sólo un piadoso deseo, de todas formas debemos comprender plenamente que, así como lo referido a la forma extraordinaria, esta reforma de la reforma está en sus comienzos

Para Nicola Bux, la crisis que lastimó a la liturgia romana se debe a que ya no está centrada en Dios y en su adoración, sino en la gente y la comunidad. “Al principio está la adoración, y por lo tanto donde Dios está hay adoración (…) La Iglesia proviene de la adoración, de la misión de glorificar a Dios”, escribió alguna vez Joseph Ratzinger sobre el asunto. La crisis en la liturgia comienza en el momento en que ésta cesa de ser adoración, cuando se reduce a la celebración de una comunidad específica en la que los sacerdotes y obispos, en lugar de ser ministros, es decir, servidores, se transforman en “líderes”. Es por esto que hoy “la gente pide más y más respeto para asegurarse un espacio de silencio, en vistas a una participación íntima y de fe en los Sagrados Misterios”.

El orden del día es, pues, volver a enseñar a un clero herido en su praxis y conciencia ritual que la Liturgia es sagrada y divina, que viene de lo alto como la Liturgia de la Jerusalén Celestial del Apocalipsis. “En conexión con esto, deberían existir esfuerzos para descubrir por qué, a pesar de las apariencias, el vernáculo no logra finalmente hacer comprensible la Liturgia”. El sacerdote necesita aprender una vez más cómo llevar a cabo los Santos Misterios in Persona Christi, en la Iglesia, como su ministro, y no como coordinador de una asamblea cerrada en sí misma, que es en lo que se ha transformado.

No obstante la seriedad de las conclusiones alcanzadas por Mons. Bux en particular y por los “hombres del Papa” en general – una conclusión que es conforme al pensamiento del Santo Padre sobre el tema – ninguno de ellos quiere leyes y decretos diseñados para dar todo vuelta en una forma autoritaria, como hicieron aquellos de la era Bugnini. Aunque la Iglesia está hoy, litúrgicamente hablando, bastante enferma, ellos prefieren actuar con la suave medicina del ejemplo: el ejemplo del Sumo Pontífice en primer lugar, luego el de aquellos obispos que deseen dar el ejemplo como él lo hace.

Así, Benedicto XVI multiplica los ligeros movimientos que parecen afectar asuntos insignificantes; después de todo, la Liturgia está hecha de una colección de detalles: la muy dignificada forma de las celebraciones pontificias; la belleza de los ornamentos litúrgicos de la sacristía de San Pedro que el maestro de ceremonias pontificio, Mons. Guido Marini, está usando una vez más; la colocación de grandes candelabros en el altar, que disminuye el efecto teatral de mirar a la gente; y sobre todo, la distribución de la Comunión en la lengua y de rodillas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los obispos les corresponde seguir el ejemplo en sus celebraciones litúrgicas. Es asunto de público conocimiento que el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de Bologna, uno de los obispos italianos teológicamente sólidos, ha decidido recientemente el 27 de abril de 2009 ordenar que “en vistas a la frecuencia con la que se informa de actitudes irreverentes en el acto de recibir la Eucaristía, desde este día en adelante, en la iglesia metropolitana de San Pietro, en la basílica de San Petronio y en el santuario de la Bienaventurada Virgen María de San Luca en Bologna, los fieles recibirán el Pan Consagrado solamente de manos de un ministro directamente en la lengua”. 

Por su parte, tanto el Obispo Schneider como Domo Mauro Gagliardi piden que se recuerde firmemente que el modo “normal” de recibir la Comunión es en la boca, y que la Comunión en la mano es sólo un modo “tolerado”, si bien ha sido el más difundido por un largo tiempo. Tal exhortación es muy importante para el renacimiento de la fe en la Presencia Real. El respeto por lo divino y por lo santo se expresa por medio de signos de reverencia, según el mismo Mons. Bux.  
 
Extractos traducidos de un artículo sobre el Motu Proprio “Summorum Pontificum” y la reforma de la reforma publicado por Paix Liturgique.
 




Belleza de la liturgia tradicional (IV)

12 01 2010

 

Solemne pontifical celebrado por el Card. Cañizares 

 

 

 

       

Fuente: The New Liturgical Movement





Apostolado especial confiado por la Santa Sede

11 01 2010

El pasado año 2009, el Santo Padre confió al monasterio benedictino de Nursia un apostolado especial consistente en celebrar ambas formas del Rito Romano.  En la carta,  traducida a continuación,  el Papa, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei recuerda, clara y explícitamente,  la importancia de la liturgia en la unidad de la Iglesia. Además, resultará para muchos  significativo que se considere la Liturgia  un apostolado, sin embargo, la sana liturgia, es verdadero y eficaz apostolado, es “fuente y culmen de la vida de la Iglesia”, la catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental” (CATIC 1074), “la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada” (SC 64).

Reverendísimo Padre Prior:

Su Santidad Papa Benedicto XVI, desde el inicio de su pontificado, ha hecho conocer su deseo de promover la unidad de la Iglesia. Como en el pasado, también hoy, la cuidada celebración de los Santos Misterios es un instrumento muy eficaz para alcanzar este objetivo. Por este motivo, fiel a la intención manifestada con el Motu Proprio “Summorum Pontificum”, esta Pontificia Comisión, yendo al encuentro de Sus solicitudes, confía al Monasterio de San Benito en Nursia el apostolado especial de la celebración de la Santa Eucaristía “in utroque usu”, es decir tanto en la forma ordinaria como extraordinaria del Rito Romano, en colaboración con la Santa Sede y en comunión con el Obispo diocesano.

Confío en que Su joven comunidad benedictina acompañará siempre la actividad pastoral del Sumo Pontífice con su oración fiel.

Con mis mejores felicitaciones pascuales,

Darío Cardenal Castrillón Hoyos

Presidente.

 Algunas imágenes de este apostolado.





Reforma Litúrgica

11 01 2010

El Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha concedido una muy interesante entrevista al vaticanista Paolo Rodari. Ofrecemos nuestra traducción de la misma, en la cual trata ampliamente el tema de la Sagrada Liturgia en el pontificado de Benedicto XVI, los actuales trabajos de su Dicasterio, la necesidad de impulsar un nuevo movimiento litúrgico y la situación de la Iglesia en España frente a la ofensiva laicista. 

 El ex arzobispo de Toledo y primado de España, cardenal Antonio Cañizares Llovera, dirige el “ministerio” vaticano que se ocupa de liturgia desde hace poco más de un año. Una tarea delicada en un pontificado, como el de Benedicto XVI, en el que la liturgia y su “reestructuración” después de las derivas post-conciliares tienen un rol central. Como central, por otro lado, es la liturgia en la vida de los fieles. Lo ha dicho el Papa en la noche de Navidad: al igual que para los monjes, también para cada hombre “la liturgia es la primera prioridad. Todo lo demás viene después”. Es necesario “poner en segundo plano otras ocupaciones, por más importantes que sean, para encaminarnos hacia Dios, para dejar que entre en nuestra vida y en nuestro tiempo”. Lo que dice Cañizares a Il Foglio es más que un balance después de un año transcurrido en la Curia romana:

“He recibido la misión de llevar a término, con la indispensable y valiosa ayuda de mis colaboradores, aquellos deberes que están asignados a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en la constitución apostólica Pastor Bonus de Juan Pablo II , respecto a la ordenación y a la promoción de la sagrada liturgia, en primer lugar de los sacramentos.Por la situación religiosa y cultura en que vivimos, y por la misma prioridad que corresponde a la liturgia en la vida de la Iglesia, creo que la misión principal que he recibido es promover con total dedicación y compromiso, reavivar y desarrollar el espíritu y el verdadero sentido de la liturgia en la conciencia y en la vida de los fieles. Que la liturgia sea el centro y el corazón de la vida de las comunidades; que todos, sacerdotes y fieles, la consideremos como sustancial e imprescindible en nuestra vida; que vivamos la liturgia en plena verdad y que vivamos de ella; que sea en toda su amplitud, como dice el Concilio Vaticano II, «fuente y culmen» de la vida cristiana.

Después de un año al frente de esta Congregación, cada día experimento y siento con mayor fuerza la necesidad de promover en la Iglesia, en todos los continentes, un impulso litúrgico fuerte y riguroso que haga revivir la riquísima herencia del Concilio y de aquel gran movimiento litúrgico del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX – con hombres como Guardini, Jungmann y muchos otros – que hizo fecunda la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Allí, sin ninguna duda, está nuestro futuro y el futuro mismo del mundo. Digo esto porque el futuro de la Iglesia y de toda la humanidad está en Dios, en el vivir de Dios y de lo que viene de Él: y esto ocurre en la liturgia y a través de ella. Sólo una iglesia que viva de la verdad de la liturgia será capaz de dar lo único que puede renovar, transformar y recrear el mundo: Dios; sólo Dios y Su gracia. La liturgia, su característica más propia, es presencia de Dios, obra salvífica y regeneradora de Dios, comunicación y participación de Su amor misericordioso, adoración, reconocimiento de Dios. Es lo único que puede salvarnos.

Guardini, Jungmann, dos pilares de la renovación litúrgica de las pasadas décadas. Figuras en las cuales se ha inspirado también Joseph Ratzinger en su “Introducción al espíritu de la liturgia”. Figuras que, probablemente, lo han inspirado también en la promulgación del Motu Proprio “Summorum Pontificum”. Se ha dicho que el Motu Proprio ha representando también (aunque algunos dicen que principalmente) una mano tendida del Papa a los lefebvristas. ¿Es así?

De hecho, lo es. Sin embargo, creo que el Motu Proprio tiene un valor muy grande en sí mismo, y para la Iglesia y la liturgia. Si bien a algunos esto les disgusta, a juzgar por las reacciones que llegaron y que continúan llegando, es justo y necesario decir que el Motu Proprio no es un paso atrás ni un retorno al pasado. Es reconocer y acoger, con sencillez y en toda su amplitud, los tesoros y la herencia de la gran Tradición que tiene en la liturgia su expresión más auténtica y profunda. La Iglesia no puede permitirse prescindir, olvidar o renunciar a los tesoros y a la rica herencia de esta tradición, contenida en el Rito romano. Sería una traición y una negación de sí misma. No se puede abandonar la herencia histórica de la liturgia eclesiástica, ni querer establecer todo ex novo, como algunos pretenderían, sin amputar partes fundamentales de la misma Iglesia.

Algunos entendieron la reforma litúrgica conciliar como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la Tradición. En aquellos años del post-Concilio, el «cambio» era una palabra casi mágica; había que modificar todo lo que había estado antes hasta el punto de olvidarlo; todo nuevo; era necesario introducir novedades, en el fondo, obra y creación humana. No podemos olvidar que la reforma litúrgica y el post-Concilio coincidieron con un clima cultural marcado o dominado intensamente por una concepción del hombre como «creador» que difícilmente estaba en sintonía con una liturgia que es, sobre todo, acción de Dios y prioridad suya, derecho de Dios, adoración de Dios y también tradición lo que hemos recibido, de lo que se nos ha dado de una vez para siempre.

La liturgia no la hacemos nosotros, no es nuestra obra, sino de Dios. Esta concepción del hombre «creador» que conduce a una visión secularizada de todo donde Dios, con frecuencia, no tiene un lugar, esta pasión por el cambio y la pérdida de la tradición, todavía no ha sido superada. Y esto, en mi opinión, entre otras cosas, ha hecho que algunos vieran con tanto recelo el Motu Proprio, o que a algunos les desagrade recibirlo y acogerlo, reencontrar las grandes riquezas de la tradición litúrgica romana que no podemos dilapidar, o buscar y aceptar el enriquecimiento recíproco entre la forma «ordinaria» y la «extraordinaria» en el único Rito romano.

 El Motu Proprio Summorum Pontificum es un valor grandísimo, que todos deberíamos apreciar. No sólo tiene que ver con la liturgia sino con el conjunto de la Iglesia, con lo que es y significa la tradición, sin la cual la Iglesia se convierte en una institución humana que cambia y, por supuesto, también se relaciona con la lectura y la interpretación que se hace o se hizo del Concilio Vaticano II. Cuando se lee y se interpreta en clave de ruptura o de discontinuidad, no se entiende nada del Concilio y se lo tergiversa totalmente. Por eso, como indica el Papa, sólo una «hermenéutica de la continuidad» nos lleva a una lectura justa y correcta del Concilio, y a conocer la verdad de lo que dice y enseña en su totalidad y, particularmente, en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la divina liturgia, la cual es inseparable, por lo tanto, de este mismo conjunto. El Motu Proprio, en consecuencia, tiene también un valor altísimo para la comunión de la Iglesia.

El Papa está detrás del lento pero necesario proceso de reacercamiento de la iglesia a un auténtico espíritu litúrgico. Sin embargo, no faltan divisiones y contraposiciones. Sobre esto habla el cardenal Cañizares:

El gran aporte del Papa, en mi opinión, es que nos está llevando hasta la verdad de la liturgia. Con una sabia pedagogía, nos está introduciendo en el auténtico espíritu de la liturgia (como dice el título de unas de su obras principales antes de convertirse en Papa).

Él, ante todo, está siguiendo un sencillo proceso educativo que pretende ir hacia este espíritu o sentido auténtico de la liturgia para superar una visión estrecha de la liturgia que está muy arraigada. Sus enseñanzas tan ricas y abundantes en este campo, como Papa y también antes de serlo, así como los sugestivos gesto que están acompañando las celebraciones que preside, van en esta misma dirección. Acoger estos gestos y estas enseñanzas es un deber que tenemos si estamos dispuestos a vivir la liturgia de un modo conforme a su misma naturaleza y si no queremos perder los tesoros y las herencias litúrgicas de la tradición. Además, constituyen un verdadero don para la formación, tan urgente y necesaria, del pueblo cristiano.

En esta perspectiva, hay que ver el mismo Motu Proprio que ha confirmado la posibilidad de celebrar con el rito del Misal romano aprobado por Juan XXIII y que se remonta, con las sucesivas modificaciones, al tiempo de san Gregorio Magno y aún antes. Es cierto que hay muchas dificultades que están teniendo quienes, en el uso de lo que es un derecho, celebran o participan en la Santa Misa conforme al «rito antiguo» o «extraordinario». En realidad, no habría necesidad de esta oposición, ni mucho menos de ser vistos con sospecha, o de ser etiquetados como «preconciliares» o, peor aún, «anticonciliares». Las razones de esto son múltiples y diversas; sin embargo, son las mismas que llevaron a una reforma litúrgica entendida como ruptura y no en el horizonte de la tradición y de la hermenéutica de la continuidad que reclama la renovación y la verdadera reforma litúrgica en la clave del Vaticano II. No podemos olvidar, además, que en la liturgia se toca lo más importante de la fe y de la Iglesia y, por eso, cada que vez que en la historia se ha tocado algo de la liturgia, no ha sido raro que hubiera tensiones e incluso divisiones.

Desde el discurso de Benedicto XVI a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, la necesidad de leer el Vaticano II no en una óptica de discontinuidad con el pasado sino de continuidad se ha hecho central en el actual pontificado. ¿Qué significa esto desde el punto de vista litúrgico?

Significa, entre otras cosas, que no podemos llevar a cabo la renovación de la liturgia y ponerla en el centro y en la fuente de la vida cristiana si nos ponemos frente a ella en clave de ruptura con la tradición que nos precede y que lleva esta rica corriente de vida y de don de Dios que ha alimentado y dado vida al pueblo cristiano. Las enseñanzas, las indicaciones, los gestos de Benedicto XVI son fundamentales en este sentido. Para esto, es necesario favorecer el conocimiento sereno y profundo de todo lo que nos está diciendo, incluyendo aquello que ha dicho antes de ser Papa, y que tan claramente se refleja, por ejemplo, en su Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis.

La Congregación que Cañizares preside se ha reunido en el pasado mes de marzo en asamblea plenaria y ha presentado unas proposiciones al Papa.

La asamblea plenaria de la Congregación se ha ocupado, sobre todo, de la adoración eucarística, de la Eucaristía como adoración, y de la adoración fuera de la Santa Misa. Han sido aprobadas algunas conclusiones que luego fueron presentadas al Santo Padre. Estas conclusiones prevén un plan de trabajo de la Congregación para los próximos años, que el Papa ha ratificado y animado.

Todas se mueven en la línea de reavivar y promover un nuevo movimiento litúrgico que, fiel en todo a las enseñanzas del Concilio y siguiendo las enseñanzas de Benedicto XVI, ponga la liturgia en el puesto central que le corresponde en la vida de la Iglesia. Las conclusiones de las proposiciones conciernen al impulso y la promoción de la adoración al Señor, base del culto que se debe dar a Dios, de la liturgia cristiana; inseparable de la fe en la presencia real y sustancial de Cristo en el Sacramento eucarístico; absolutamente necesaria para una Iglesia viva. Poner un freno y corregir los abusos, que desgraciadamente son muchos, no es algo que se derive de la plenaria de la Congregación sino que es algo que reclama la misma liturgia, y la vida y el futuro de la Iglesia, y la comunión con ella. Sobre esto, sobre tantos abusos litúrgicos y su corrección, algunos años atrás la Congregación publicó una instrucción importantísima, la Redemptionis Sacramentum, y a ella debemos remitirnos todos. Es un deber urgentísimo corregir los abusos existentes si queremos, como católicos, llevar algo al mundo para renovarlo. Las proposiciones no se ocupan de poner freno a la creatividad sino, más bien, de animar, favorecer y reavivar la verdad de la liturgia, su sentido más auténtico y su espíritu más genuino. No podemos tampoco olvidar o ignorar que la creatividad litúrgica, como con frecuencia se la ha entendido y se la entiende, es un freno a la liturgia y la causa de su secularización, porque está en contradicción con la naturaleza misma de la liturgia. 

(…)

Realmente es muy importante que las celebraciones tengan y fomenten el sentido de lo sagrado, del Misterio, que reaviven la fe en la presencia real del Señor y en el don de Dios que actúa en ella, así como la adoración, el respeto, la veneración, la contemplación, la oración, la alabanza, la acción de gracias, y muchas otras cosas que corren el riesgo de diluirse.

Cuando participo o veo la liturgia del Papa, que ya ha incorporado algunos de estos elementos, me convenzo cada vez más de que no son aspectos casuales sino que, en cambio, tienen una fuerza expresiva y educativa en sí mismos y en la verdad de la celebración, cuya ausencia se nota.

(…)

Extraído del blog “La buhardilla de Jerónimo”





Belleza de la liturgia tradicional (III)

9 01 2010