San Antonio Mª Claret (IV)

30 07 2010

Otros enemigos del Papa y de la Iglesia


«Los peores enemigos que quizá tendrá la Iglesia en estos últimos tiempos, serán los malos eclesiásticos. En Francia se vio la muestra en pequeño de lo que por mayor tal vez sucederá [Se refiere a la Constitución civil del Clero durante la Revolución Francesa, por la cual los sacerdotes pasaban a ser funcionarios del Estado. Fueron muchísimos los sacerdotes que fueron martirizados por oponerse a esta ley.] Se levantó la persecución, quién sufrió, quién no.

El clero francés fue calumniado, escarnecido de todas maneras y por todos los medios posibles; se habló contra él en prosa y en verso, en la historia y en las novelas.

(…)

El pueblo dijo que no quería más culto público que el de la libertad y el de la igualdad: “yo me someto a su voluntad, y depongo mi cruz y mi anillo sobre el altar de la patria”. Después de estas palabras, Govel y su cismático clero arrojaron al suelo las insignias de sus funciones, y el obispo, en lugar de la mitra, se puso en la cabeza un gorro encarnado. Gran parte del clero constitucional se casó. Uno de sus individuos llegó al extremo de pisotear el crucifijo, exclamando: “No basta aniquilar al tirano de los cuerpos, aniquilemos también al de las conciencias”.

Si nos remontamos a los primeros tiempos de la Iglesia, hallaremos que cuando vino Jesucristo estaban los sacerdotes hebreos, por la mayor parte, llenos de malicia, de dolo, avaricia, ambición, respetos humanos y de hipocresía, por manera que Jesucristo los reprendía, y les amenazaba que se les quitaría el reino de Dios y se daría a gente que lo haría fructificar; ellos le hicieron crucificar y fueron abandonados de Dios.

En la primera era cristiana la gente era muy fervorosa, y no falta quien dice que Dios dilató las persecuciones por el espacio de tres siglos para bien de los fieles, porque tenían buenos pastores y sacerdotes. En el Martirologio se leen cada día pastores martirizados; eran ellos los primeros en sacrificar su vida, su honor, sus intereses. Mas ahora por desgracia se ven algunos eclesiásticos enemigos de la cruz de Cristo, que su Dios es su codicia, su lujuria, su gula, su ambición, su tibieza y su relajación. ¡Ay de los tiempos en que se verá en el lugar santo la abominación profetizada por Daniel!…

(…)

Estos, pues, son muy grandes enemigos del Papa; son los mayores adversarios de la Iglesia, y son el descrédito de los buenos sacerdotes, porque los malos hombres tienen mala lógica; de premisas singulares y particulares infieren conclusiones generales; verbi gratia, un clérigo es malo, luego, dicen, todos son malos; y así hablan, así murmuran, así critican de todo el Estado, así le desacreditan y le desautorizan, y despreciado el maestro es despreciada la doctrina.»

Apuntes de D. Antonio María Claret y Clara

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