Ora Pro Nobis

24 10 2010

“Estos canarios me tienen robado el corazón… será para mí muy sensible el día en que los tendré que dejar para ir a misionar a otros lugares, según mi ministerio” (Carta de Claret al obispo de Vic, 27 de sept.).

En la fiesta de San Antonio María Claret, copatrono de nuestra Diócesis,  encomendamos a su intercesiòn que sean removidos los obstáculos que impiden que la Santa Misa Tradicional sea oficiada con regularidad  en esta tierra canaria que misionó con tanto celo y en  cuya Catedral descansa, bajo el altar mayor y junto con otras reliquias, un fragmento de su corazón.

El 6 de marzo de 1848 salía de Cádiz para las islas Canarias con el recién nombrado obispo D. Buenaventura Codina. Tenía 40 años. Y es que tras la nueva rebelión armada de 1847 ya no era posible dar misiones en Cataluña. Desde el Puerto de la Luz de Gran Canaria hasta los ásperos arenales de Lanzarote resonó la convincente voz de Claret. Misionó Telde, Agüimes, Arucas, Gáldar, Guía, Firgas, Teror… El milagro de Cataluña se repitió de nuevo. Claret tuvo que predicar en las plazas, sobre los tablados, al campo libre, entre multitudes que lo acosaban. A pesar de una pulmonía no cesó en su intenso trabajo. En Lanzarote da misiones en Teguise y Arrecife.

Gastó 15 meses de su vida en las Canarias, y dejó atrás conversiones,  prodigios, profecías y leyendas. Los canarios vieron partir con lágrimas en los ojos un día a su “padrito” y lo despidieron con añoranza. Era en los últimos días de mayo de 1849. Aún perdura su recuerdo.

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