Breve auto de Navidad

27 12 2010

Era en Belén y era Nochebuena la noche.

Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.

Era una mujer seca, harapienta y oscura

con la frente de arrugas y la espalda curvada.


Venía sucia de barros, de polvo de caminos,

la iluminó la luna y no tenía sombra.

Tembló María al verla; la mula no, ni el buey

rumiando paja y heno igual que si tal cosa.


Tenía los cabellos largos, color ceniza,

color de mucho tiempo, color de viento antiguo;

en sus ojos se abría la primera mirada

y cada paso era tan lento como un siglo.


Temió María al verla acercarse a la cuna.

En sus manos de tierra ¡oh Dios! ¿qué llevaría…?

Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente

y le ofreció la cosa que llevaba escondida.


La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.

¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!

El Niño la miraba, también la mula, el buey

mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.


Era Belén y era Nochebuena la noche.

Apenas si la puerta crujió cuando se iba.

María, al conocerla, gritó y la llamó: ” ¡Madre! “

Eva miró a la Virgen y la llamó: ” ¡Bendita! “


¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!

Afuera aun era pura, dura la nieve fría.

Dentro, al fín, Dios dormido, sonreía teniendo

entre sus dedos niños la manzana mordida.


Gn 3, 6-15.

Antonio Murciano

Tomado del blog  Motu Propio


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