La Gran Herejía (II)

27 02 2011

La primera parte aquí

Continuando con los textos que se suelen utilizar para tratar de justificar la separación (que no distinción) entre Iglesia y Estado suele utilizarse la tercera tentación de Jesucristo en el desierto.

“De nuevo le llevó el diablo a un monte muy alto, y mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, le dijo: Todo esto te daré si de hinojos me adorares. Díjole entonces Jesús: apárte Satanás, porque escritó está: “Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto”. Entonces el diablo le dejó y llegaron ángeles y le servían.” (San Mateo 4,8-11).

Este texto sagrado suele interpretarse de una manera heterodoxa, como apreciación de la tentación que ha sufrido (y en la que, supuestamente, ha caído) y sufre la Iglesia de querer riquezas, poder y glorias terrenales, olvidándose de Dios. A partir de aquí sostienen que la Iglesia no debe buscar una influencia o poder real sobre la sociedad (pues esa es la tentación del demonio) y, por tanto, no puede aspirar a construir una sociedad católica. A lo sumo podrá denunciar las injusticias que se puedan dar en la sociedad, pero nada más. Así, los cristianos habrán de trabajar desde “abajo” por construir un mundo solidario, justo, fraterno,amoroso, pero de ninguna manera afirmando la Realeza de Cristo y reconociendo su Divina Soberanía sobre todas las sociedades. Y he aquí que los que sostienen estas tesis han caído en la tentación de Satanás.

¿Cómo es esto posible? Pues porque, si fuese verdad que en otro tiempo Satanás tentase a los hombres de Iglesia con cosas tan burdas como el dinero y el poder (cuestión que ni afirmamos ni negamos, no entramos en ella) hoy día ha buscado una tentación más sutil y profunda. La gloria que muestra Satanás es la de un mundo en paz, fraterno, amoroso, donde todas las ansias del hombre se vean colmadas y realizadas. A cambio no pide gran cosa, una simple fruslería. Simplemente pide que no reconozcamos la Soberanía de Cristo sobre toda la creación, incluyendo la sociedad. La sociedad habrá de funcionar sobre sus propios principios seculares y racionales, sin someterse a la Soberanía de Cristo y, así, desde la solidaridad que funciona “desde abajo” podremos, supuestamente, conseguir ese mundo glorioso de paz y justicia.

Al mismo tiempo, para que la constradicción entre un mundo cada vez más secularizado y alejado de Dios pueda volverse potable para los católicos, muchas de las verdades de Fe quedan rebajadas, ocultadas o desvirtuadas. Para empezar, por supuesto, el Reinado Social de N.S. Jesucristo, continuando con las enseñanzas sobre el pecado (especialmente el de infidelidad), el infierno, la vida de gracia e, incluso, la naturaleza sacrifical de la Santa Misa, etc.

Recordemos que el reproche que Jesucristo da a Satanás es “Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto”. ¿Podemos afirmar que se adora realmente a Dios cuando se trata de construir la sociedad a sus espaldas, sin darle el puesto de honor que le corresponde por derecho? ¿Podemos afirmar que le damos un culto auténtico cuando buscamos hacer un mundo fraterno que no Le reconoce como Rey?

Próximamente la tercera parte.

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