¿Neopaganismo?

24 03 2011

Ya cuando vi en la revista Iglesia al día del mes de febrero, un artículo sobre unas futuras jornadas teológicas bajo el significativo título de Ecología y Teología me temí lo peor. Especialmente cuando uno de los epígrafes del mismo se titulaba Necesidad de una nueva ética y espiritualidad; ¿es que se ha quedado desfasada la ética católica, o la espiritualidad católica? Sin embargo, pienso que me quedé corto en mis temores. Ahora bien, aunque a algunos les parecen molestar las opiniones discrepantes, igualmente dejaré constancia de mis pensamientos y sentires sobre este acontecimiento tan publicitado.

Si bien es cierto que no he asistido a las conferencias, basaré mi pequeño análisis en los resúmenes colgados en la página web de la Diócesis, redactados por el P. Julio Roldán. No es mi objetivo hacer un análisis más o menos concienzudo de cada ponencia ni mucho menos, sino más bien señalar los que, a mi entender, son los raíles por los que, en términos generales, ha discurrido la locomotora que ha movido todas estas jornadas. Creo que en el segundo día, Emma Pérez Chacón, puso el dedo en la llaga, conforme a lo que escribió el P. Julio Roldán: Finalmente, a modo de conclusión, señala este tema como cuestión ética (…) Recuerda la metáfora de Gaia que propone un nuevo modo de vivir sobre la tierra, se trata de pasar de un enfoque antropocéntrico a uno biocéntrico. Pasar de una concepción del ser humano como dominador y explotador de una naturaleza inagotable al valor inherente de lo vivo como eje organizativo del sistema de valores. (las cursivas son mías).

Hay que recordar que para la filosofía católica (la verdadera filosofía) el mal es, como bien dice Francisco Canals Vidal, «privación [de un bien debido] y desorden». El mayor desorden que existe en la sociedad moderna es el que se refiere al fin último del hombre y de la sociedad misma en la que vive. El fin último y absoluto que Dios buscó con la Creación fue su glorificación externa y tal es así que Antonio Royo Marín afirma que «el hombre tiene obligación de proponerse, como fin último y absoluto de su vida, la glorificación de Dios; de suerte que comete un grave desorden cuando intenta otra suprema finalidad contraria o distinta de ésta». Evidentemente, no podemos olvidar que el hombre vive en sociedad por lo que es del todo natural que ésta se ordene en conformidad con el fin último, es decir, que sea teocéntrica. Sin embargo, desde el Renacimiento se ha ido eliminando progresivamente la referencia a Dios como fin último siendo sustituido por el hombre, dándose un paulatino retorno al paganismo. Como afirma Leonardo Castellani, en el Renacimiento «el paganismo, mantenido durante la Edad Media en el subsuelo, irrumpe a la superficie de la vida europea». La ruptura definitiva con el orden teocéntrico tiene lugar con la Revolución Francesa de la que Joseph de Maistre, uno de los observadores más preclaros de la misma, afirmó que «hacía mucho tiempo que no se había visto un castigo tan espantoso». Ahora bien, de este desorden primario se han sucedido muchísimos desórdenes más, uno de los cuáles es el referido en estas ponencias, es decir, la sobreexplotación y destrucción del medioambiente. Sin embargo, me parece completamente erróneo y absurdo querer arreglar un desorden con otro desorden aun mayor. En vez de proponer devolver a Dios la posición principal que por naturaleza y derecho le corresponde, se propone colocar en su lugar a la Naturaleza, o lo que es lo mismo, pasar de un enfoque antropocéntrico a uno biocéntrico. ¿No es esto acaso una vuelta de tuerca más hacia el paganismo? Cuánto mayor es el desorden, más grandes y graves serán los males que le sigan, ¿es éste acaso el camino que debemos seguir?

Es cierto que uno de los ponentes, José María Hevia, alertó sobre los riesgos que entraña el ecologismo, pero a mi entender, en cuanto sostiene que «la ecología es el nuevo nombre de la paz», se convierte en parte del problema y no de la solución; el único y auténtico nombre de la paz es Cristo. Igualmente cierto es que la ponencia inaugural se titula «Respetar la creación y cuidar del hombre, como Dios manda». Alguien podría ver en esa referencia a Dios una respuesta a este artículo. Sin embargo, Dios aparece en esa frase como un complemento circunstancial de modo. El acento está puesto en la creación y el hombre, quedando Dios como subordinado a ellos. Lo cual queda de manifiesto en la citada ponencia. Cosa bien distinta hubiese sido una frase como: «Obedecer la Ley de Dios también en lo que respecta al bien del hombre y la naturaleza», y una ponencia conforme a ella.

Quizás lo más curioso de estas jornadas es que de los pocos teólogos que son mencionados dos resaltan especialmente por su profundísima heterodoxia. De uno de ellos escribía el Santo Oficio en el año 1962 lo siguiente: « (…) los miembros de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio exhortan a todos los ordinarios, superiores de institutos religiosos y rectores de seminarios y universidades, a que preserven eficazmente los espíritus, sobre todo de los jóvenes, de los peligros que entrañan las obras del P. Teilhard de Chardin y sus secuaces». No creo exponerme a error al afirmar que el otro teólogo, Leonardo Boff, es uno de esos secuaces: co-fundador de la teología de la liberación es bien conocido por sus posturas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia católica y ha sido, precisamente, denunciado por diversos medios de ser uno de los principales motores de un neo-panteísmo cuyo hito más importante es la redacción de la Carta de la Tierra. Para que se hagan una idea, les dejo una perlita del pensamiento de Boff: «Como especie formamos una humanidad única y somos parte de la Tierra. ‘Somos la propia Tierra, que, en un momento de su evolución, ha comenzado a sentir, a pensar y a amar’».

Finalmente, quizás a alguien le parezca exagerado o escandaloso que yo me pregunte sobre si, al fin y al cabo, estas ponencias no están viciadas de cierto paganismo. Yo sólo me hago la pregunta, y mi respuesta me la guardo. A los textos publicados en la misma web de la Diócesis me remito. Sólo cabe hacerse una pregunta, ¿pasarán las futuras homilías de algunos sacerdotes de hablar sobre los «hombres pobres» a hablar de los «pobres animales»?


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