Sobre el Sacrificio (II)

12 11 2011

El sacrificio de la Cruz y la vida sobrenatural

Card, Isidro Gomá

«Jesucristo crucificado es la solución del tremendo problema. La inmolación de Cristo es la suma latría, eucaristía, impetración y propiciación, porque es función profundamente vital del Hijo de Dios vivo que da su vida para que en el mundo se restauren la adoración, acción de gracias, petición de dones y expiación de crímenes, en el orden más elevado que Dios pudiese exigir.

En la oblación de Cristo en la Cruz, el sacerdote, ofrenda y acto sacrificial son la más alta expresión de la vida sobrenatural. (…)

¿Frutos de vida divina que brotan del árbol de la Cruz? Es el primero la adoración perfecta, la suma servidumbre, la latría prestada a Dios por un Hombre en el mismo plano sobrenatural y en la misma altura de Dios, por su “Hijo, sacerdote, eternamente perfecto”. Cuando en el Gólgota, Jesús inclinaba la cabeza y moría: (…) en este acto de vitalidad profunda, porque es el acto supremo de la libertad del Hombre-Dios, se consumaba el único sacrificio de adoración a Dios adecuado a la infinidad de su Ser. El mundo, atónito, se estremeció ante la grandeza del holocausto.

Cristo Crucificado (Velázquez)

La Cruz es Eucaristía o acción de gracias. Jesús fue Eucaristía viva (…) La muerte de Jesús, como su vida, y como síntesis de ella, es la gran función eucarística de los siglos. El sacerdote Jesús agradece con ella al Padre los dones de que le ha colmado: la unión hipostática, la santificación, la paternidad sobrenatural en el mundo de los espíritus, el poder absoluto que le dio, Omnis potestas, en el cielo y en la tierra, y sobre todo, la mediación que le hizo Redentor de la humanidad.

El sacrificio de la Cruz es impetración. Nadie pudo jamás orar como Cristo. En Él era el mismo Yo el que rogaba y el que concedía: (…) ¿cuánto más debía oír la voz de su sangre, “más elocuente que la de Abel”, figura de su sacrificio? ¡Súplica de perdón, y de santificación, y de conquista, y de destrucción del crimen, y de vida y gloria sobrenaturual la que el divino Orante, extendidos en Cruz los brazos, dirigiría al Padre, acompañado de los suspiros de su pecho dolorido y del gotear de su Sangre que salía de cien heridas, bocas divinas de muda, pero eficacísima oración!

Pero, sobre todo, la Cruz es propiciación o expiación. Ella es el puente que echó Cristo desde la tierra a las rriberas de Dios, inabordables antes por el pecado. Ella es la que estrecha en sus brazos a los hombres para introducirlos a la vida de Dios. Ella, en frase sublime de la Liturgia, es la balanza en que se pesó el peso de nuestra vida y que, al ponerse a fiel, nos arrancó de las fauces de la muerte(…). Es la Cruz la realidad completiva de los antiguos sacrificios sangrientos por los que la humanidad reconoció de una manera solemne, durante siglos, la deuda de sangre que había contraído con Dios. Cristo paga esta deuda; nos reconcilia con Dios y nos redime para siempre (…).» Card. Isidro Gomá, La Eucaristía y la Vida Cristiana

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