Teología… ¿Católica?

20 12 2011

En nuestra Diócesis estamos, por desgracia, acostumbrados a ver numerosos abusos litúrgicos que campan a sus anchas sin que nadie les ponga coto. Están tan asumidos en las entendederas diocesanas que se publican por Internet sin ningún pudor, más bien al contrario, orgullosos de romper felizmente las rúbricas que están obligados a obedecer. Un alma benevolente podría justificar estos abusos alegando un desordenado celo pastoral o la buena intención. De igual forma podría justificarse por ignorancia el que, tantas veces, edificios de la Iglesia sean cedidos para su uso a grupos no sólo no católicos, sino de new age y tonterías por el estilo. Sin embargo, difícil será la justificación que se pueda dar cuando en el mismo Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC) se le pone espacio, micrófono y público a un nuevo “gurú” de la felicidad, nada católico por cierto.

La luctuosa conferencia tuvo lugar en el Aula Magna de Tafira, bajo la apesadumbrada mirada de los Obispos y venerables sacerdotes cuyos retratos, expuestos en el interior de la sala, recuerdan que Fe es la que se custodia (o se debería custodiar) entre sus muros. No fue la católica, sin duda, la que se pregonó este sábado 17.  El neopagano al que se le cedió el espacio para exponer sus pseudoargumentos anticatólicos fue Bonifacio Cabrera, fundador de una “Escuela para Aprender a Vivir”, quien predica un nuevo estado de conciencia en el que dejaremos de sufrir. No es el primero que lo promete, ni será el último. Tampoco será el último que diga públicamente que no es creyente, ni que afirme que la religión católica es una más entre todas las religiones. Tampoco será el último que se mofe de las prácticas religiosas tradicionales ni que afirme que no hay necesidad de rezar a Dios. No, no será el último que pregone un nuevo “estado de conciencia” como si el hombre pudiese dejar de ser hombre. Ni será el último, por desgracia, que aleje a gente de la doctrina revelada por Jesucristo. Lo que sí esperamos es que sea el último que lo haga por invitación y facilitación de una institución católica.

Aunque tampoco somos ingenuos. No es la primera vez que denunciamos actos realizados en el ISTIC. Lo que desconcierta es que después, esos mismos que inoculan veneno en el alma de tanta gente sencilla se escandalicen porque la gente no va a la Iglesia, aumente el número de sectas o no haya vocaciones al sacerdocio. Pero si el mismo director del Aula Manuel Alemán (el aula, dependiente del ISTIC, responsable de esta abominación), José Alonso, es retratado en La Provincia como “uno de los emblemas del cristianismo progresista y de la llamada izquierda católica en las Islas”, ¿qué se puede esperar después? Parece ser que la izquierda católica es algo así como los no-católicos católicos, o los racionalistas-católicos o los ateos-católicos. Y si no que me expliquen cómo permite estas conferencias (que no es la única hiriente a la fe que se ha realizado y que está prevista, sólo hay que leer el programa de esta ciclo de conferencias) y no sólo las permita, sino que esté presente en la misma y no la detenga, o se ponga rojo de indignación o… algo. Pero no, él tan tranquilo con sus libros en su estante, donde los firmaba y, supongo, vendía.

Y después uno se pregunta lo inevitable: ¿y la responsabilidad de todo esto sobre quién cae? ¿Tenemos que tragar toda esta morralla, toda esta blasfemia promocionada por instituciones católicas? Cada cual sabrá cuál es su culpa, por hacerlo, por permitir que se haga pudiéndolo impedir o por, sabiendo lo que hay, callar. Nosotros, por nuestra parte, no callaremos.


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