San Francisco de Sales

29 01 2012

De la Santa Misa y cómo se ha de oír
“(…) Procura, pues, con toda diligencia oír todos los días Misa para ofrecer con el sacerdote el sacrificio de tu Redentor a Dios, su Padre, por ti y por toda la Iglesia. Allí están presentes muchos ángeles, como dice San Juan Crisóstomo, para venerar este santo misterio; y así, estando nosotros con ellos y con la misma intención, es preciso que con tal compañía recibamos muchas influencias propicias. En esta acción divina se vienen a unir a nuestro Señor los corazones de la Iglesia triunfante y los de la Iglesia militante, para prendar con El, en El y por El el corazón de Dios Padre, y apoderarse de toda su misericordia. ¡Oh, qué felicidad es para un alma contribuir devotamente con sus afectos a un bien tan necesario y apetecible!
Si por algún estorbo inexcusable no puedes asistir corporalmente a la celebración de este soberano Sacrificio, a lo menos envía allá tu corazón, asistiendo espiritualmente. Para esto, a cualquiera hora de la mañana mira con el espíritu a la Iglesia, ya que no puedes de otro modo; une tu intención con la de todos los cristianos y haz desde el lugar en que te halles los mismos actos interiores que harías si te hallases realmente presente en la iglesia al santo Sacrificio.
Para oír Misa como conviene, ya sea real, ya espiritualmente, has de seguir este método:
  1. Desde el principio hasta que el sacerdote sube al altar prepárate juntamente con él, lo cual harás poniéndote en la presencia de Dios, reconociendo tu indignidad y pidiéndole perdón de tus defectos.
  2. Desde que el sacerdote suba al altar hasta el Evangelio, considera sencillamente y en general la venida de nuestro Señor al mundo y su vida en él.
  3. Desde el Evangelio, hasta concluido el Credo, considera la predicación del Salvador, protesta que quieres vivir y morir en la fe y obediencia a su santa palabra y en la unión de la Santa Iglesia Católica.
  4. Desde el Credo hasta el Pater noster contempla con el espíritu los misterios de la Pasión y muerte de nuestro Redentor, que actual y esencialmente se representan en este santo Sacrificio, que has de ofrecer, juntamente con el sacerdote y con el resto del pueblo, a Dios Padre para honra suya y salvación de tu alma.
  5. Desde el Pater noster hasta la Comunión, esfuérzate a excitar en tu corazón muchos y ardientes deseos de estar siempre junta y unida a nuestro Señor con un amor eterno.
  6. Desde la Comunión hasta el fin, da gracias a su Divina Majestad por su encarnación, vida, Pasión y muerte, y por el amor que nos muestra en este santo Sacrificio, pidiéndole por él que te sea siempre propicio a ti, a tus parientes, a tus amigos y a toda la Iglesia, y humillándote de todo corazón recibe devotamente la bendición divina que te da nuestro Señor por medio de su ministro.
Pero si quieres tener mientras la Misa la meditación de los misterios que vas siguiendo por orden todos los días, no es necesario que te diviertas en hacer estos actos particulares: bastará que al principio hagas intención de que el ejercicio de meditación y oración que tienes sirva para adorar y ofrecer este santo Sacrificio, puesto que en cualquiera meditación se encuentran los actos arriba dichos o ya expresos, o a lo menos implícita y virtualmente.”
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San Francisco de Sales
Fuente: Pro Misa Tradicional Ciudad Real
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La Iglesia Católica (II)

27 01 2012

Notas de la verdadera Iglesia

«Jesucristo fundó una sola Iglesia y, por lo tanto, la verdadera Iglesia cristiana no puede ser sino una. Sin embargo, además de la Iglesia católica, hay otras que reivindican para sí el título de cristianas y presumen de ser la verdadera Iglesia de Jesucristo. Tales son, por ejemplo, las diversas iglesias protestantes -la luterana, la anglicana, la calvinista, etc.-, la griega cismática, la rutena o rusa y algunas otras. Claro está que ninguna de esas sociedades religiosas, surgidas en el decurso de los siglos del cisma o de la herejía, puede ser la auténtica Iglesia de Cristo; ni siquiera tienen dichas sociedades el derecho de llamarse cristianas, porque no fueron fundadas Por Jesucristo, sino por unos hombres orgullosos y rebeldes. Por eso su nombre más adecuado es “sectas religiosas”, ya que en realidad son partes separadas de la verdadera Iglesia, ramas desgajadas del árbol de la vida.

Es necesario, pues, demostrar que la Iglesia católica es la verdadera Iglesia, tarea no difícil, por cuanto Jesucristo la dotó de unos carecteres o propiedades que la contradistinguen abiertamente de las iglesias falsas y que brotan de su misma naturaleza.

Las propiedades características de la Iglesia fundada por Jesucristo, llamadas “notas”, en cuanto la dan a conocer a quien la compara con las iglesias falsas, son cuatro, a saber: la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad.

1) La unidad: La verdadera Iglesia debe ser una, en el sentido de que todos sus miembros han de estar unidos entre sí con los tres lazos de la unidad de doctrina, unidad de comunión y unidad de régimen. Por la unidad de doctrina la Iglesia ha de exigir a todos sus miembros la profesión de una misma fe; por la unidad de comunión ha de exigir de ellos la participación de unos mismos Sacramentos y de un mismo culto; por la unidad de régimen ha de exigirles la plena sumisión a un mismo Jerarca supremo.

2) La santidad: La verdadera Iglesia es santa. Jesucristo, dice San Pablo, amó a su Iglesia y se sacrificó por ella. La Iglesia de Jesucristo ha de ser santa: a) en su fundador y su jefe, que es fuente de toda santidad; b) en su doctrina: los dogmas que enseñe, los preceptos que imponga, los sacramentos que administre, el culto que tribute a Dios, todo ha de respirar santidad y ha de conducir a ella; c) en sus miembros: todos deben ser llamados a la santidad y poseer los medios de llegar a ella; y si es verdad que no todos ellos vana ser santos, es preciso que éstos no falten nunca en la verdadera Iglesia.

3) La catolicidad: La catolicidad o universalidad de la Iglesia de Cristo puede ser considerada cuanto a la doctrina, cuanto al tiempo y cuanto al lugar. Será católica cuanto a la doctrina, si conserva en toda su integridad y pureza la doctrina que recibió de Jesucristo. Será católica cuanto al tiempo, si subsiste sin interrupción desde su origen hasta el fin de los siglos. Será católica cuanto al lugar, si se difunde por todos los ámbitos del mundo. La catolicidad de doctrina se reduce a la unidad y la de tiempo a la apostolicidad; en consecuencia, sólo hay que tener en cuenta, aquí, la catolicidad de lugar, acerca de la cual no ofrecen ninguna duda las palabras de Jesucristo a los Apóstoles: Me serviréis de testigos en Jerusalén, y en toda Judea y Samaria, y hasta los confines del mundo.

4) La apostolicidad: La Iglesia de Jesucristo ha de ser apostólica por tres motivos, a saber: a) por razón de su origen, ya que fue fundada por los Apóstoles por encargo especial de Jesucristo; b) por razón de la doctrina, la cual dejaría de conservar toda su pureza si no fuese la misma que predicaron los Apóstoles; b) por razón del ministerio, pues en virtud de la promesa de Jesucristo ha de ser gobernada por una sucesión no interrumpida de pastores que se remonte hasta los Apóstoles.

Afirmamos que la Iglesia romana, cuya cabeza visible es el Romano Pontífice, posee ciertamente estas cuatro propiedades, las cuales pasan a ser las notas características que la distinguen abiertamente de las restantes sociedades religiosas que aspiran al nombre de verdadera iglesia de Jesucristo.»

Extracto de El dogma católico de Cipriano Montserrat.





La Iglesia Católica (I)

26 01 2012

Sobre la Iglesia

No cabe duda de que, en la actualidad e, incluso, entre los mismos católicos, existen ciertas ideas confusas o erróneas en relación con la Iglesia. En estos pocos artículos pretendemos clarificar algunos puntos centrales y nucleares que ayuden a ordenar rectamente nuestra apreciación sobre tan magna institución.

En primer lugar es necesario especificar que la Iglesia es una sociedad. Una verdadera sociedad, que, como toda las demás consta de leyes, organización, jerarquía, doctrinas y cuyos perfiles están (o deberían estar) claramente delimitados. Los miembros de esta sociedad son los bautizados, que creen y profesan la doctrina católica, que participan de los mismos sacramentos y que obedecen a sus legítimos pastores. Además está constituida por dos clases diferentes de miembros: la Iglesia docente, quien tiene el deber de enseñar la doctrina de Cristo y la Iglesia discente que es la parte de la Iglesia que recibe la enseñanza.

Esta sociedad, por otra parte, tiene una serie de rasgos. En primer lugar es una sociedad sobrenatural. Es sobrenatural por su Fundador, que es Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Es sobrenatural por la vida que recibe continuamente de la asistencia del Espíritu Santo. Y es sobrenatural por el fin que se propone: la salvación de las almas y la gloria de Dios, así como los medios con los que lo hace: la Santa Misa, los sacramentos, la oración, etc.

Pero no sólo eso, la Iglesia es, además, una sociedad perfecta. Aristóteles afirma que una sociedad perfecta es aquella que es autosuficiente, y la Iglesia lo es porque se basta a sí misma para conseguir los fines que persigue, que realiza la Jerarquía mediante la triple potestad que le fue concedida por Cristo de: enseñar la doctrina revelada, santificar mediante los sacramentos y gobernar mediante la autoridad de los pastores.

Por estas razones la Iglesia es superior en su orden a toda otra sociedad. Su dignidad debida a su origen, sus medios y su fin le confieren una posición superior a la de cualquier otra sociedad humana.





La Liturgia

20 01 2012

En los años ’60 se difundió una apertura indiscriminada de numerosos hombres de Iglesia al pensamiento moderno, muchas veces protagonizada por teólogos claramente opuestos a las enseñanzas de la Misma. En esta asimilación se introdujeron y expandieron muchos principios que, por su condición de errores son incompatibles con la Fe católica. Y es que estos teólogos olvidaron que la Iglesia es una sociedad -y, además, perfecta- que tiene su propia filosofía y teología -el tomismo, principalmente- y que, al abandonar o mixturizar este recto pensamiento con vanidades y errores del mundo, La perjudicaban enormemente. Ahora bien, como no puede ser de otra forma, de todo principio se derivan consecuencias que llegan hasta los extremos más visibles. Al caso que nos queremos referir ahora es la Liturgia.


En esta bitácora nos hemos hecho eco numerosas veces del daño que para la Fe y la Iglesia constituyen los abusos litúrgicos. Es obvio que los abusos litúrgicos se producen por alguna razón de fondo, que motiva o da pie a que se produzcan. Una de las muchas raíces que podemos encontrar de esta razón es el subjetivismo. Semejante patrón de pensamiento considera que el fundamento último de la bondad o verdad de las cosas está en el hombre y no en la misma naturaleza de las cosas. Y de este principio surge la creencia errónea de que podemos (e, incluso, debemos) dar culto a Dios como a nosotros nos parezca bien. Como corolario se consideran un constreñimiento las reglas y rúbricas litúrgicas que impiden la libre creatividad o la espontaneidad del celebrante o de los propios fieles. Sin embargo, si llevamos este principio a sus últimas consecuencias, ¿por qué no íbamos a, directamente, dejar de asistir a Misa si, al fin y al cabo, toda forma de rendir culto a Dios es buena? ¿Qué necesidad de asistir a Misa y no dar culto como a uno le viene en gana en su propia casa? Incluso más, ¿por qué dar culto a Dios? Si, al final, yo considero que no dándole culto a Dios no le ofendo, ¿por qué iba a dárselo?

Pero todavía se puede extrapolar este erróneo principio más allá, hacia la moral y la fe. Porque si, en última instancia todo se reduce a la voluntad del hombre, ¿por qué no iba a cambiar la moral o la fe? Si ciertas normas morales no gustan, se ignoran. Si ciertas verdades de fe resultan demasiado duras, se borran. ¿Qué lo impide si hemos concedido que el fundamento de la verdad es el individuo? No cabe duda de que el subjetivismo es un absurdo, ya expresado por el sofista Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”. Al final, siguiendo esta línea, desembocamos en el más vulgar de los protestantismos, donde cada cual se hace la religión a su medida.

La realidad, sin embargo, es muy otra. Evidentemente Dios quiere recibir un culto, y quiere que sea de una forma determinada y que cumpla con unos fines específicos. El culto es objetivo, conforme a la voluntad de Dios, y custodiado por la Iglesia. Igualmente pasa con la Fe, que es la inteligencia de Dios que perfecciona a la del hombre, dándole a conocer verdades que se escapan a las solas fuerzas de su razón. Verdades, además, que necesita para salvarse. E, igualmente con la moral que, conforme a la ley natural establecida por Dios, perfecciona al hombre haciéndole ejercitar la virtud en orden a su fin sobrenatural. El subjetivismo choca frontalmente contra el pensamiento tradicional de la Iglesia y el sofisma que lleva en sus entrañas es un principio disolvente de la fe, la moral y el culto. Poco importa que sea un sofismo moderno y que venga revestido con ropajes de gran erudición, su raíz es una falacia que el básico principio de no contradicción destruye.





Adorar

5 01 2012

"(...) y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le adoraron. " Mateo 2. 11.

El mismo Niño Dios que adoraron los Magos está presente - Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad - en la Hostia consagrada. ¡ Adorémosle !

En el día de la Epifanía del Señor queremos recordar la importancia de la postración en la liturgia. Reconocer la excelencia soberana de Dios, someterle toda nuestra voluntad, confesarlo, estar en su presencia, no pueden tener otra  finalidad por nuestra parte que el abajamiento, la postración, en definitiva, la adoración, con cuerpo y alma, de Nuestro Dios y Señor, al que debemos tributar el culto de latría que merece. Por ello, no se entiende que en la actualidad nuestras iglesias se hayan despojado de comulgatorios  y reclinatorios, siendo cada vez más extraño y más dificil que los fieles se postren, se arrodillen.  A este respecto, Benedicto XVI, siendo cardenal, escribió lo siguiente:

Tal vez sea cierto que el arrodillarse constituya algo ajeno a la cultura moderna, precisamente en la medida en que se trata de una cultura que se ha alejado de la fe y que no conoce ya a Aquel ante el cual ponerse de hinojos es un gesto justo, mejor dicho, un gesto necesario interiormente. Quien aprende a creer aprende a arrodillarse; una fe o una liturgia que no conozcan ya el acto de arrollidarse están enfermas en un punto central. Allí donde se ha perdido este gesto es donde hay que aprenderlo de nuevo .

Es cierto que en nuestra Diócesis alguna parroquia, como la de Bañaderos, ha respuesto el comulgatorio, pero es la excepción que confirma la regla. Ni siquiera en la S. I. Catedral extiste comulgatorio alguno que facilite a los fieles el arrodillarse para comulgar.

"Nadie coma esta carne sin antes adorarla". San Agustín.






Retrocediendo a los ’60

2 01 2012

Se hacen eco en el blog de las Parroquias de Arinaga  del artículo escrito por el teólogo José Mª Castillo, al cual, según parece, el Card. Ratzinger -actual Benedicto XVI- le retiró el permiso para dar clases como catedrático en la Universidad de Granada, y además ha sido vicepresidente de la infausta asociación de Teólogos de Juan XXIII, formada por teólogos vetustos que sostienen numerosas tesis abiertamente contrarias a las enseñanzas de la Iglesia.

José María Castillo

Este teólogo -a todas luces- heterodoxo, parece estar muy preocupado por la restauración litúrgica llevada a cabo por Benedicto XVI. Según él, la Liturgia tradicional fue un instrumento utilizado por el clero para controlar a los fieles y copar el poder de la Iglesia. Y es que, según se desprende de sus argumentos, la Iglesia en un principio fue democrática -y, por tanto, es el ideal a seguir- y la Liturgia fue un medio para “des-democratizarla”. Además de la falsedad histórica de esta afirmación (se puede ver en Europa y la Fe de H. Belloc), dicha argumentación adolece de un principio racionalista: que la Iglesia no es obra de Dios sino de hombres. Porque si la Iglesia fuese obra de hombres, conforme a algún tipo de contrato social como el de Rousseau, podría ser lógico que fuese democrática, y que todos decidiéramos sobre el contenido de la fe, la moral y la liturgia. Pero ahora, si la Iglesia fue fundada por Dios -que es lo que afirma la Iglesia de sí misma y lo que enseña la fe católica- no puede ser de ninguna forma democrática, sino jerárquica. Y en la cúspide de esta Jerarquía está Cristo mismo, que es la cabeza de la Iglesia. Y la Jerarquía, tiene el deber de custodiar, transmitir y enseñar la doctrina revelada por Dios -que es la fe-, la virtud que glorifica a Dios y nos lleva al cielo -que es la moral- y el culto con el que Dios quiere ser honrado -que es el sacrificio de la Misa-. Luego, la primera preocupación de este teólogo demuestra una carencia de fe sobre la divinidad de la Iglesia y/o su Fundador. Además, cuando pregunta retóricamente con quién queremos comunicarnos, con la gente de hoy o con la de hace XII siglos, yo le respondería que los católicos queremos comunicarnos con Dios, con la Eternidad, con el Bien supremo y la Verdad, y para eso hace falta una fe, una moral y una liturgia sin corrupción, eternas.

Un ejemplo de la democratización litúrgica

Misa Asociación de Teólogos Juan  XXIII
Misa Asociación de Teólogos Juan XXIII

Por otro lado, muestra una gran preocupación por la pérdida de fieles y credibilidad de la Iglesia en el mundo, preocupación a la que nos sumamos. Ahora bien, la causa principal de este vaciamiento de la Iglesia está, precisamente, en esa pretensión difundida fuertemente durante los años ’60 y posteriores, de querer democratizar la Iglesia, de sacarla de sí misma para amoldarla al mundo, de querer rebajarla a lo mundano en vez de querer elevar a los hombres a Dios. La mediocridad que ha inundado a la Iglesia, por culpa de teólogos como José Mª Castillo, es la principal causa del vaciamiento de los templos. En primer lugar porque Dios no bendice lo que -esto sí- es una traición a su voluntad al fundar la Iglesia, y en segundo lugar porque esta mimetización con el ambiente no ha podido hacer resistencia a la ola secularizadora y relativista de fondo marxista que nos ahoga. Al contrario, la ha introducido dentro de la Iglesia, precisamente gracias a los teólogos que asumen las tesis intelectuales de los enemigos de la Iglesia y como un  ejército militante de quintacolumnistas minan las defensas desde dentro.

Un ejemplo de la restauración litúrgica

Por eso, los jóvenes católicos -el que esto escribe tiene 27 años- se suman al camino de la restauración de la Iglesia, que está en la Tradición, que está en todo lo que estos teólogos vetustos rechazaron de sus mayores. No, los jóvenes católicos de hoy día aspiran a recuperar el tesoro de sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos: el tesoro de la Fe que una horda de bárbaros -y, en algunos casos, apóstatas- se han atrevido a robarnos.