Adorar

5 01 2012

"(...) y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le adoraron. " Mateo 2. 11.

El mismo Niño Dios que adoraron los Magos está presente - Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad - en la Hostia consagrada. ¡ Adorémosle !

En el día de la Epifanía del Señor queremos recordar la importancia de la postración en la liturgia. Reconocer la excelencia soberana de Dios, someterle toda nuestra voluntad, confesarlo, estar en su presencia, no pueden tener otra  finalidad por nuestra parte que el abajamiento, la postración, en definitiva, la adoración, con cuerpo y alma, de Nuestro Dios y Señor, al que debemos tributar el culto de latría que merece. Por ello, no se entiende que en la actualidad nuestras iglesias se hayan despojado de comulgatorios  y reclinatorios, siendo cada vez más extraño y más dificil que los fieles se postren, se arrodillen.  A este respecto, Benedicto XVI, siendo cardenal, escribió lo siguiente:

Tal vez sea cierto que el arrodillarse constituya algo ajeno a la cultura moderna, precisamente en la medida en que se trata de una cultura que se ha alejado de la fe y que no conoce ya a Aquel ante el cual ponerse de hinojos es un gesto justo, mejor dicho, un gesto necesario interiormente. Quien aprende a creer aprende a arrodillarse; una fe o una liturgia que no conozcan ya el acto de arrollidarse están enfermas en un punto central. Allí donde se ha perdido este gesto es donde hay que aprenderlo de nuevo .

Es cierto que en nuestra Diócesis alguna parroquia, como la de Bañaderos, ha respuesto el comulgatorio, pero es la excepción que confirma la regla. Ni siquiera en la S. I. Catedral extiste comulgatorio alguno que facilite a los fieles el arrodillarse para comulgar.

"Nadie coma esta carne sin antes adorarla". San Agustín.


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