Sobre la Santa Misa

19 07 2012

Sobre la Misa

«La Iglesia, que Cristo fundó, no sólo conservó la Palabra que El habló y las maravillas que El obró, sino que le ha obedecido cuidadosamente en lo que dijo: “Haced esto en memoria mía.” Y esta acción, por la cual nosotros volvemos a actuar su Muerte en la cruz, es el Sacrificio de la Misa, en la que nosotros hacemos, como en recuerdo, lo que El hizo en la Última Cena como en figura de su Pasión.

Por eso la Misa es para nosotros el acto cumbre del culto cristiano. El púlpito, en el cual se repite la palabra de nuestro Señor, no nos une con El; el coro, en que resuenan suaves melodías, no nos aproxima más a su Cruz que a sus vestiduras. Un templo sin el altar del Sacrificio no existe entre los pueblos primitivos y no tiene sentido entre los cristianos. Y así en la Iglesia Católica el altar y no el púlpito, o el coro, o el órgano, es el centro del culto; porque en él se celebra el memorial de su Pasión. Su valor no depende de aquel que le dice o de aquel que le oye; depende de aquel que es el Único Gran Sacerdote y Víctima, Jesucristo Nuestro Señor. Con el cual estamos unidos a pesar  de nuestra nada; en cierto sentido perdemos nuestra individuación por un momento; unimos nuestro entendimiento y nuestra voluntad, nuestro corazón y nuestra alma, nuestro cuerpo y nuestra sangre tan íntimamente con Cristo, que el Padre Celestial mira, no tanto a nosotros con nuestra imperfección, sino más bien a nosotros en El, su Hijo muy amado, en quien tiene todas sus complacencias. La Misa es por esta razón el más grande acontecimiento de la Humanidad; el único Acto Santo que aparta la ira de Dios de un mundo pecador, porque levanta la Cruz entre el cielo y la tierra, renovando así el momento decisivo en que nuestra triste y trágica humanidad pasó de repente a la plenitud de la vida sobrenatural.

Lo que importa en este punto es que adoptemos la actitud mental exacta con relación a la Misa, y recordemos este hecho trascendental, que el Sacrificio de la Cruz es no sólo algo que aconteció hace diecinueve siglos. Está aconteciendo aún. No es algo pasado, como la firma de la Declaración de la Independencia. Es un drama permanente del cual no se ha bajado aún el telón. No pensemos que sucedió hace mucho tiempo, y por tanto que no tiene con nosotros más relación que cualquier otra cosa sucedida en el pasado. El Calvario pertenece a todos los tiempos y a todos los lugares.» Fulton J. Sheen en El Calvario y la Misa

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