Hermenéutica en Iglesia al Día

23 10 2012

En un artículo en la revista Iglesia al Día de este mes, un eminente teólogo de nuestra Diócesis, reflexiona sobre la ‘hermenéutica de la continuidad’ querida por el Santo Padre. En dicho escrito afirma que, en el discurso del Santo Padre, “en el fondo está latente una cuestión que afloró desde los primeros tiempos del posconcilio, y es la distinción entre la “letra” y el “espíritu” del Concilio. Pero es importante no disociar estas dos realidades que constituyen el ser de la totalidad del Concilio.” No puedo sino estar en profundo desacuerdo.

Es más, creo que las mismas palabras de Benedicto XVI rechazan semejante apreciación, pues afirma que “los problemas de la recepción [del Concilio Vaticano II] han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos.” Aquélla que ha causado confusión ha sido la llamada ‘hermenéutica de la discontinuidad’: “La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar. Afirma que los textos del Concilio como tales no serían aún la verdadera expresión del espíritu del Concilio. Serían el resultado de componendas, en las cuales, para lograr la unanimidad, se tuvo que retroceder aún, reconfirmando muchas cosas antiguas ya inútiles. Pero en estas componendas no se reflejaría el verdadero espíritu del Concilio, sino en los impulsos hacia lo nuevo que subyacen en los textos:  sólo esos impulsos representarían el verdadero espíritu del Concilio, y partiendo de ellos y de acuerdo con ellos sería necesario seguir adelante. Precisamente porque los textos sólo reflejarían de modo imperfecto el verdadero espíritu del Concilio y su novedad, sería necesario tener la valentía de ir más allá de los textos, dejando espacio a la novedad en la que se expresaría la intención más profunda, aunque aún indeterminada, del Concilio. En una palabra:  sería preciso seguir no los textos del Concilio, sino su espíritu.

De ese modo, como es obvio, queda un amplio margen para la pregunta sobre cómo se define entonces ese espíritu y, en consecuencia, se deja espacio a cualquier arbitrariedad.” Arbitrariedades tanto doctrinales, morales y litúrgicas de las que, desgraciadamente, los católicos contemporáneos podemos dar innumerables ejemplos. Por otro lado, el Santo Padre expone la “hermenéutica de la reforma”, la cual “quiere transmitir la doctrina en su pureza e integridad, sin atenuaciones ni deformaciones“, que en lo referido al Concilio debe consistir en ceñirse a la letra del mismo, interpretada en continuidad con la Tradición de la Iglesia. En esta misma línea se expresa la Conferencia Episcopal Española que afirma que “la vana pretensión de construir una “nueva” Iglesia, distinta de la “preconciliar”, denota una grave crisis de fe en la Iglesia”. Ojalá que, progresivamente, se recupere el tesoro de la Tradición de la Iglesia, largamente olvidado, entre el que no podemos obviar la, larga e injustamente denostada, Misa Tradicional.


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