La Pacificación de la Iglesia consigo misma

26 01 2013

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(…)  Se insiste en que el motivo que llevó al Papa a publicar este Motu Proprio (Motu Proprio Summorum Pontificum) fue la existencia del conflicto -que lleva ya décadas- con los grupos llamados “tradicionalistas”. Éste es sin duda un elemento que tiene gran importancia y que fue ocasión de la publicación del documento; pero si analizamos detenidamente el pensamiento de Joseph Ratzinger la justificación más profunda del Motu Proprio no se halla en el factor “político” sino en el teológico: aunque no existiera ningún “tradicionalista” habría, con todo, una situación anómala que requeriría un restablecimiento del orden.

Siempre ha habido y siempre habrá personas que se adaptan difícilmente a los cambios, sobre todo en estos tiempos de mutaciones aceleradas. Lo paradójico de la situación actual es que muchas veces quienes muestran inquietud ante lo que consideran una amenaza para la “reforma litúrgica” hacen ahora de “conservadores”: aferrándose estrechamente al “statu quo” y manifestando su dificultad de adaptarse a la novedad de este redescubrimiento propuesto por el Papa reproducen las actitudes que se solían asociar habitualmente a los “tradicionalistas”. Por otra parte, hasta ahora las personas que se adherían a la llamada “Misa en latín” eran identificadas como la gente del “contra”, pero está ocurriendo que los que -siguiendo el llamado de Benedicto XVI- se acercan a la liturgia heredada de nuestros mayores, son, cada vez con mayor frecuencia, gentes del “por” y los del “contra” son los que no quieren ni oír hablar de todo esto aferrándose a su “tradición” de cuarenta años.

Mas aún, con creciente frecuencia, quienes actualmente acogen con entusiasmo las “innovadoras” enseñanzas y disposiciones del Papa -disposiciones que expresan una renovada valoración de la tradición litúrgica- no sólo no obedecen a aquella mentalidad negativa, sino que, por el contrario, manifiestan la alegría del descubrimiento de algo nuevo: el redescubrimiento de la herencia, el reencontrase con sus raíces, en resumen: el tomar conciencia de pertenecer a una familia. Obviamente no a lo que se entiende en nuestra sociedad actual por “familia”: mera asociación de individuos que comparten un período determinado de sus vidas con sólo el débil vínculo de un pacto fácilmente revocable, sin un pasado que los una y con un futuro impredecible; sino a una verdadera y profunda comunión de vida, con antepasados comunes, con una memoria común que los enorgullece: una familia que está formada no sólo por hermanos sino que tiene también padres y ancestros.

En resumen: El Papa Benedicto XVI con la promulgación del Motu Proprio Summorum Pontificum ha buscado, esto es claro, la pacificación de la Iglesia. Pero no se trata en el fondo únicamente de la paz con grupos más o menos rebeldes, ni la pacificación entre corrientes opuestas que crean tensión en el seno de la institución, sino la pacificación de la Iglesia consigo misma, con su memoria común, para que redescubra su identidad litúrgica en la riqueza de la continuidad.

Fragmento del texto “El Motu Proprio Summorum Pontificum y la Pacificación de la Iglesia”.  P. Gabriel Díaz Patri.

Fuente:  Pontificia Comisión Ecclesia Dei  (Studi e Comentari)


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