Fiesta de Cristo Rey.

28 10 2015

El pasado domingo, día 25 de octubre, tuvo lugar -en un ambiente de ordenado recogimiento y devoción- la celebración de1
la fiesta de Cristo Rey que, según el Calendario Romano Tradicional se celebra el último domingo de octubre. Tuvimos, como siempre, la Sta. Misa a su hora habitual. Seguidamente hubo una exposición del Stmo. Sacramento en la que se consagró, por parte del sacerdote y de los fieles allí presentes, el género humano al Sagrado Corazón de Jesús según lo dispuesto por el Papa Pío XI para este día delante del Santísimo expuesto.

6 Consagración: Dulcísimo Jesús, Redentor del genero humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar. Vuestros somos y vuestros queremos ser y, a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros Mandatos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros y atraedlos a todos a vuestro Sacratísimo Corazón.9

¡Oh Señor, sed Rey! no sólo de los hijos de los fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que
os han abandonado. Haced que vuelvan pronto a la Casa Paterna para que no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey también de aquellos que por seducción del error o por espíritu de discordia viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la Verdad y a la unidad de la Fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen aún envueltos en las tinieblas de la idolatría y del islamismo, dignaos atraerlos a todos a la Luz de vuestro Reino.

8Mirad, finalmente, con ojos de Misericordia, a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto. Descienda también sobre ellos, como bautismo de Redención y de Vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Sta. Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de Honor y Gloria por los siglos de los siglos! Amén.

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