Ambas Formas se benefician

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Monseñor Burke, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, ha concedido una entrevista a la revista Inside the Vatican. La última pregunta trata sobre la celebración de la Santa Misa en ambas formas del Rito Romano, y resulta interesante para conocer la opinión del prelado en relación a la reforma de la reforma.

Usted ha apoyado mucho a grupos en St Louis que deseaban hacer uso de Summorum Pontificum. Con la liberación de las restricciones en la celebración de la antigua Misa, ¿es probable que crezca el movimiento en favor de la tradición, y qué efectos es probable que esto tenga en cuanto a la reforma litúrgica?

El Papa Benedicto XVI ha hecho claras sus razones para la promulgación de Summorum Pontificum, entre las que está el enriquecimiento de la Forma Ordinaria del Rito latino por medio de la celebración de la Forma Extraordinaria. Tal enriquecimiento será algo natural, dado que la Forma Ordinaria se desarrolló orgánicamente de lo que es ahora la Forma Extraordinaria. Cuanto más lleguen los fieles a apreciar la Forma Extraordinaria, tanto más llegarán a comprender la profunda realidad de cada celebración de la Santa Misa, ya sea en la Forma Extraordinaria como en la Forma Ordinaria. Si entiendo al Santo Padre correctamente, con el tiempo, puede tener lugar una posterior reforma de la Sagrada Liturgia, que utilice más completamente la riqueza de la Forma Extraordinaria. La legislación dada en Summorum Pontificum, estoy convencido, fomentará grandemente la reforma litúrgica, que era la meta del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Extraído del Blog La Buhardilla de Jerónimo

Cuidar la Liturgia

“La belleza de los ritos nunca será lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo más posible y la hagan presentir.”

Benedicto XVI

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Un misterio de Misericordia

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Testimonio de un seminarista norteamericano que ha participado, por primera vez, en la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito romano. Se trata del Hermano Thaddeus Lancton MIC, un seminarista residente en Steubenville, Ohio.
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Recuerdo la voz de mi padre cuando conversando, varios años atrás, me dijo: “Et cum spiritu tuo le decíamos a los sacerdotes en latín”. Es decir: “Y con tu espíritu”.

Él usaría estas palabras en su rol de acólito. Hoy soy, como él, un acólito. Pero a diferencia de mi padre, nunca había acolitado en una Misa Tridentina, la Misa que fue codificada en el Concilio de Trento y que tuvo muy pocos cambios en la forma en que fue celebrada hasta el Vaticano II, cuando fue introducida una nueva forma del Rito Latino.

Gracias al Papa Benedicto XVI, sin embargo, la forma extraordinaria del Rito Latino está ahora al alcance de todos.

Mientras me preparaba con mis hermanos Marianos para la celebración de la forma extraordinaria el día de los Fieles Difuntos en nuestra capilla de Steubenville, Ohio, recuerdo que presté atención a las muchas pinturas en las paredes de la capilla. Estaban el Beato Estanislao Papczynski (1631-1701), fundador de la Congregación de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. El Beato Jorge Matulaitis-Matulewicz (1871-1927), renovador Mariano. Y los mártires marianos de Rosica, Bielorrusia, el Beato Jorge Kaszyra (1904-1943) y el Beato Antonio Leszczewicz (1890-1943).

“Ésta es la forma de la Misa que todos ellos celebraron”, destacó el Padre John Larson, MIC.

En nuestra casa en Steubenville he tenido el privilegio de acolitar en algunas misas “no solemnes”. Pero el 1º de febrero, tuve el don de ser el acólito “del lado de la epístola” para una Misa solemne. La Universidad Franciscana de Steubenville pide a un sacerdote que celebre la forma extraordinaria una vez al mes en la Misa de las 4:00 de la tarde de domingo.

Mientras acolitaba, me sentí paralizado ante la Cruz de San Damián y la imagen de María, nuestra Madre. Me di cuenta de la dignidad del sacerdote: el mismo Padre John, con quien como, rezo, y juego al Uno y al Scrabble. Allí estaba, ofreciendo el Sagrado Cuerpo y la Preciosa Sangre de Jesús. Me sentí tocado por la reverencia, la atención y la devoción de aquellos que participaban. Todos tuvieron paciencia para aguardar al Padre John que distribuía la Santa Comunión a alrededor de 200 estudiantes.

Durante la Misa, hay oportunidad para el silencio. Aunque amo el Novus Ordo – la Misa regular –, este silencio me ha enseñado cómo rezar verdaderamente en la Misa.
(…)
El lenguaje de esta forma extraordinaria habla de un misterio, de un misterio de misericordia. Mientras hay menos “participación” de los laicos, hay mucho más silencio. En Is 30, 15, leemos: “Porque así habla el Señor, el Santo de Israel: en la conversión y en la calma está la salvación de ustedes, en la serenidad y la confianza está su fuerza”.
(…)
¿Por qué?, me pregunto a mí mismo durante la Misa. El cambio es enorme a nivel exterior, pero en un nivel interior, Cristo es el Mismo “ayer, hoy y siempre”. Al experimentar la forma extraordinaria, aprendo acerca de la forma ordinaria, y el cambio de una a otra me ayuda a nunca dar por sentado el maravilloso don de cada Misa: la Misericordia Divina misma, para nosotros pecadores.

Extraído del Blog La Buhardilla de Jerónimo

Bienvenidos

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La Sagrada Liturgia es el corazón y el torrente sanguíneo de la Iglesia. Nuestro acercamiento a la misma, por tanto, es capaz de transmitir claramente las creencias de la fe católica, pero también es capaz de oscurecerlas o distorsionarlas, lo que tiene claramente un efecto adverso. Si los textos y las ceremonias aprobadas de la Liturgia se siguen con fidelidad, belleza y reverencia, los fieles serán llevados, más probablemente, al sentido y a la fe en la Presencia Real de Jesucristo. En contraste con esto, si la Misa se propone como un concierto de culto y alabanza, como una conferencia o una reunión comunitaria, entonces es mucho más probable que los fieles no vayan a tener ningún sentido o comprensión de la Eucaristía.

Por supuesto que podemos leer y hablar sobre la Presencia Real, pero es especialmente mediante la experiencia del encuentro con Cristo en la Liturgia que el corazón es movido a la fe y al amor. No considerar a la Liturgia como una parte de la solución es ignorar tanto esta realidad como la enseñanza de la Iglesia que sostiene que la Liturgia es fuente y cumbre de la fe cristiana: “es el lugar privilegiado de la catequesis [de los fieles]”, dado que “la catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental” (CATIC 1074).

A muchos preocupa, y con razón, la poca fe en la Presencia Real en sus parroquias, pero lo que a menudo queda fuera de las discusiones sobre este asunto es una demasiado común exclusión, e incluso una negación, no sólo de la importancia primordial de la Sagrada Liturgia a la hora de buscar una solución; directamente se niega que la Liturgia tenga importancia alguna. Las soluciones que a menudo se enumeran son tener más catequesis, más adoración eucarística, y dar la Comunión de rodillas y en la lengua. Todas estas cosas ayudarán sin duda, son todas buenas e incluso necesarias. Pero si no tratamos de la necesidad de unas celebraciones apropiadas, reverentes y bellas de la Sagrada Liturgia, probablemente continuaremos viendo una ausencia de fe o una fe distorsionada en la Presencia Real.

Como el Santo Padre Benedicto XVI nos ha enseñado tan profundamente en Sacramentum Caritatis, “la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada” (SC 64), y “es necesario que en todo lo que concierne a la Eucaristía haya gusto por la belleza. También hay que respetar y cuidar los ornamentos, la decoración, los vasos sagrados, para que, dispuestos de modo orgánico y ordenado entre sí, fomenten el asombro ante el misterio de Dios, manifiesten la unidad de la fe y refuercen la devoción” (SC 41).

Extraído del Blog La Buhardilla de Jerónimo.