Sobre el Carnaval

7 02 2010

Extracto del Catecismo del Papa San Pío X sobre el Carnaval

«¿Qué hemos de hacer para conformarnos con los designios de la Iglesia en tiempo de Carnaval? – Para conformarnos con los designios de la Iglesia en tiempo de Carnaval hemos de apartarnos de los espectáculos y diversiones peligrosas y atender con mayor cuidado a la oración y mortificación, haciendo alguna cosita extraordinaria. [Visitar] al Santísimo Sacramento, mayormente cuando está expuesto a la pública adoración; y esto para reparar tantos desórdenes con que Dios, en este tiempo es ofendido.

¿Qué hará quien por necesidad hubiere de hallarse en alguna diversión peligrosa de Carnaval? -Quien por necesidad hubiere de hallarse en alguna diversión peligrosa de Carnaval, ha de implorar primero el socorro de la divina gracia para evitar todo pecado; portarse luego con gran modestia y reserva, y recoger después el espíritu con la consideración de alguna máxima del Evangelio.»





Venerable Pío XII

2 02 2010

Con fecha 19 de diciembre, se reconocieron las virtudes heroicas de Eugenio Pacelli, Papa Pío XII. Por este motivo, queremos recordar y recomendar la lectura de su Encíclica  Mediator Dei   sobre la Sagrada Liturgia.

Algunos extractos:

(…)

El divino Redentor quiso también que la vida sacerdotal iniciada por El en su cuerpo mortal con sus plegarias y su sacrificio, no cesase en el transcurso de los siglos en su Cuerpo místico, que es la Iglesia; y por esto instituyó un sacerdocio visible, para ofrecer en todas partes la oblación pura, a fin de que todos los hombres, del Oriente al Occidente, libres del pecado, sirviesen espontánea y voluntariamente a Dios, por deber de conciencia.

La Iglesia, pues, fiel al mandato recibido de su Fundador, continúa el oficio sacerdotal de Jesucristo, sobre todo por medio de la Sagrada Liturgia. Esto lo hace en primer lugar en el Altar, donde es perpetuamente representado y renovado el Sacrificio de la Cruz, con la sola diferencia del modo de ofrecer; después con los Sacramentos, que son instrumentos especiales, por los cuales los hombres participan en la vida sobrenatural; y, por último, con el cotidiano tributo de alabanzas ofrecidas a Dios Optimo Máximo.

(…)

Ahora bien, si por una parte comprobamos con dolor que en algunas regiones el sentido, el conocimiento y el estudio de la Liturgia son escasos o casi nulos, por otra notamos, con temerosa preocupación, que algunos están demasiado ávidos de novedad y se alejan del camino de la sana doctrina y de la prudencia, mezclando a la intención y al deseo de una renovación litúrgica, algunos principios que, en teoría o en práctica, comprometen esta santísima causa y a veces también la contaminan con errores que afectan a la Fe católica y a la doctrina ascética.

(…)

Todo el culto que la Iglesia rinde a Dios debe ser interno y externo. Es externo, porque así lo reclama la naturaleza del hombre, compuesto de alma y cuerpo; porque Dios ha dispuesto que «conociéndolo por medio de las cosas visibles, seamos atraídos al amor de las cosas invisibles» (4). Además, todo lo que sale del alma es expresado naturalmente con los sentidos; y el culto divino pertenece no solamente al individuo, sino también a la colectividad humana, y por lo tanto, es necesario que sea social, lo que es imposible, incluso en el terreno religioso, sin vínculos y manifestaciones externas. Por último, es un medio que pone de relieve la unidad del Cuerpo místico, acrecienta sus santos entusiasmos, aumenta sus fuerzas e intensifica su acción, «si bien, en efecto, las ceremonias en sí mismas no contengan ninguna perfección o santidad, no obstante son actos externos de religión que, como signos, estimulan el alma a la veneración de las Cosas sagradas, elevan la mente a la realidad sobrenatural, nutren la piedad, fomentan la caridad, aumentan la fe, robustecen la devoción, instruyen aun a los más sencillos, adornan el culto de Dios, conservan la religión y distinguen a los verdaderos de los falsos cristianos y de los heterodoxos (5)».

Pero el elemento esencial del culto debe ser el interno: es necesario, en efecto, vivir siempre en Cristo, dedicarse por entero a El, a fin de que en El y por El se dé gloria al Padre.

(…)

No tienen por esto una exacta noción de la Sagrada Liturgia aquellos que la consideran como una parte exclusivamente externa y sensible del culto divino o como un ceremonial decorativo; ni yerran menos aquellos que la consideran como una mera suma de leyes y de preceptos, con los cuales la Jerarquía eclesiástica ordena al cumplimiento de los ritos.

Por tanto, deben todos tener bien sabido que no se puede honrar dignamente a Dios si el alma no se dirige al logro de la perfección de la vida, y que el culto rendido a Dios por la Iglesia, en unión con su Cabeza divina, tiene la máxima eficacia de santificación.

Esta eficiencia, si se trata del sacrificio eucarístico y de los sacramentos, proviene ante todo del valor de la acción en sí misma («ex opere, operato»); si después se considera también la actividad propia de la Esposa inmaculada de Jesucristo, con la que ésta adorna de plegarias y ceremonias sagradas el sacrificio eucarístico o los sacramentos; o si se :trata de los sacramentales, y otros ritos, instituidos por la jerarquía eclesiástica, entonces la eficacia se deriva, ante todo, de la acción de la iglesia («ex opere operantis Ecclesiae»), en cuanto que ésta es santa, y obra siempre en íntima unión con su Cabeza.

(…)





Reavivar el sentido litúrgico

2 02 2010

Recientemene  la edición española de L’Osservatore Romano ha publicado un interesante artículo del  Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino . En el mismo el purpurado habla de la urgente necesidad de una educación litúrgica toda la Iglesia y menciona que su dicasterio está trabajando “como en una especie de silencio de Nazaret”.

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Se ha cumplido un año del encargo que recibí como prefecto de la Congregación para el culto divino. No es la hora de hacer ningún balance. Este tiempo -todo lo que en él ha acaecido- me ha confirmado en la necesidad apremiante que hay de que la santa liturgia sea en nuestros días el centro y el corazón de la vida de la Iglesia; que sea, como corresponde a su misma naturaleza, en expresión del Vaticano II, «fuente y culmen de la vida cristiana».

Reavivar el espíritu y el verdadero sentido de la liturgia en la vida de la Iglesia, de todos los fieles, es un desafío y cometido principal siempre, pero aún más en estos momentos. Es urgente, en efecto, que se reavive el genuino y verdadero sentido de la liturgia, porque es algo que está en la misma entraña del ser y de la vida de la Iglesia: la liturgia es culto a Dios, instrumento de santificación, celebración de la fe de la Iglesia y medio de su transmisión. En ella se abren las puertas del cielo y los fieles entran en comunión con la santa e indivisible Trinidad, experimentando su participación en la naturaleza divina como don de la gracia. La liturgia es también anticipación de la bienaventuranza final y de la gloria celeste a la que estamos llamados, objeto y meta de la esperanza más grande.

Siempre, pero más todavía, si cabe, en estos momentos de la historia en los que padecemos una tan profunda crisis de Dios en el mundo y una secularización interna de la Iglesia tan fuerte, al menos en Occidente, el reavivar y fortalecer el sentido y el espíritu genuino de la sagrada liturgia en la conciencia y vida de la Iglesia es algo prioritario que apremia como ninguna otra cosa. La Iglesia, las comunidades y los fieles cristianos tendrán vigor y vitalidad, vivirán una vida santa, serán testigos vivos, valientes, fieles e incansables anunciadores del Evangelio, si viven la liturgia y si viven de ella, si beben de esta fuente y se alimentan de ella, porque así vivirán de Dios mismo, y de su gracia, que es en Quien radica la santificación, la fuerza, la vida, la capacidad y valentía evangelizadora, toda la aportación de la Iglesia a los hombres y al futuro de la humanidad. El futuro del hombre está en Dios: el cambio decisivo del mundo está en Dios -nada más que en Dios- y en su adoración verdadera. Y ahí está la liturgia.

(…)

Fuente: La Buhardilla de Jerónimo





Misa Tradicional en España

23 01 2010

Ofrecemos una serie representativa de imágenes  que muestran cómo, progresivamente, se va aplicando en España el Motu Propio Summorum Pontificum, asumiéndose con normalidad el Rito Romano íntegramente.

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Madrid

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Cádiz

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Sevilla

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Mallorca

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Coruña

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Pamplona





Al servicio de la unidad

18 01 2010

Comienza hoy la semana de oración por la unidad de los cristianos,  nos unimos desde este blog a esta intención, y publicamos, por parecernos oportuno,  parte de el  discurso que el Papa  dirigió el día quince de Enero pasado a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a quienes recibió en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

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Señores cardenales, venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos fieles colaboradores:

Es para mí motivo de gran alegría encontraros con ocasión de la Sesión Plenaria y manifestaros los sentimientos de profundo reconocimiento y de cordial aprecio por el trabajo que lleváis a cabo al servicio del Sucesor de Pedro en su ministerio de confirmar a los hermanos en la fe (cfr Lc 22, 32).

Agradezco al señor cardenal William Joseph Levada por su discurso de saludo, en el cual ha llamado la atención sobre las temáticas que ocupan actualmente a la Congregación, además de las nuevas responsabilidades que el Motu Proprio “Ecclesiae Unitatem” le ha confiando, uniendo de modo estrecho al Dicasterio la Comisión Pontificia Ecclesia Dei.Quisiera ahora detenerme brevemente sobre algunos aspectos que usted, señor cardenal, ha expuesto.

Ante todo, deseo subrayar cómo vuestra Congregación participa del ministerio de unidad, que está confiado, de modo especial, al Romano Pontífice, mediante su empeño por la fidelidad doctrinal. La unidad es, de hecho, primariamente unidad de fe, apoyada por el sagrado depósito, del que el Sucesor de Pedro es el primer custodio y defensor. Confirmar a los hermanos en la fe, manteniéndoles unidos en la confesión del Cristo crucificado y resucitado, constituye para quien se sienta en la Cátedra de Pedro el primer y fundamental deber que le ha sido conferido por Jesús. Es un servicio inderogable, del que depende la eficacia evangelizadora de la Iglesia hasta el final de los siglos.

El Obispo de Roma, de cuya potestas docendi participa vuestra Congregación, debe constantemente proclamar: “Dominus Iesus” – “Jesús es el Señor”. La potestas docendi, de hecho, comporta la obediencia a la fe, para que la Verdad que es Cristo siga resplandeciendo en su grandeza y resonando para todos los hombres en su integridad y pureza, para que haya un solo rebaño, reunido en torno al único Pastor.

Alcanzar el testimonio común de la fe de todos los cristianos constituye, por tanto, la prioridad de la Iglesia de todos los tiempos, con el fin de conducir a todos los hombres al encuentro con Dios. En este espíritu confío en particular en el compromiso de este Dicasterio para que se superen los problemas doctrinales que aún permanecen, para alcanzar la plena comunión de la Iglesia, por parte de la Fraternidad San Pío X.

Deseo además alegrarme por el compromiso a favor de la plena integración de grupos de fieles y de individuos, ya pertenecientes al Anglicanismo, en la vida de la Iglesia católica, según cuanto está establecido en la Constitución Apostólica Anglicanorum coetibus. La fiel adhesión de estos grupos a la verdad recibida de Cristo y propuesta por el Magisterio de la Iglesia no es en modo alguno contraria al movimiento ecuménico, sino que muestra, en cambio, su fin último, que consiste en alcanzar la comunión plena y visible de los discípulos del Señor.

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Fuente:  Infocatólica.





Libro “La Reforma de Benedicto XVI”

14 01 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La creciente disponibilidad del libro de Mons. Nicola Bux “La reforma de Benedicto XVI” es nuestra oportunidad para alejarnos un poco de nuestro usual centro de atención – la aplicación del motu proprio “Summorum Pontificum” – para hacer revista de la “reforma de la reforma” que el Santo Padre ha iniciado en la Liturgia. Es también ocasión para considerar qué tipo de relación emergerá, lentamente, entre las dos formas de la Liturgia romana.

La importancia de la publicación de este libro está dada primeramente  por la estatura del autor.Mons. Nicola Bux, profesor de liturgia y teología sacramental en el Instituto Ecuménico-Patrístico de Teología de Bari, Italia, es consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Causas de los Santos, consultor también de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, asesor del periódico Communio, autor de varios libros.

El primer objetivo del motu proprio “Summorum Pontificum” es claro: posibilitar que la Misa tradicional se celebre en todas las parroquias donde sea pedida. El MP se habrá aplicado verdaderamente cuando veamos la Misa dominical de las 10:00 celebrada en la forma ordinaria y la Misa de las 11:00 en la forma extraordinaria, o viceversa, en las catedrales de Dublín y Detroit, en las catedrales de Boise y Aberdeen. En una palabra: en lo que concierne a la aplicación del MP, aún estamos en el punto de partida.

El segundo objetivo del MP, aunque implícito, es obvio de todas formas, debido a todo lo que el Cardenal Ratzinger ha dicho sobre el tema en el pasado, y al deseo expresado en el texto del 2007: un “enriquecimiento mutuo” de las dos formas, que desde entonces coexisten oficialmente. Enriquecimiento: todos saben que la forma más obviamente “rica” es aquella que se beneficia de una tradición ininterrumpida de diez siglos (o incluso diecisiete siglos en su parte esencial, el Canon), y cuyo valor doctrinal y ritual es al menos similar al de las otras grandes liturgias católicas. En su libro, Nicola Bux escribe: “Los estudios comparativos demuestran que la liturgia romana en su forma preconciliar era mucho más cercana a la liturgia oriental que la liturgia actual”. Esto es tan cierto que nadie puede seriamente negar que la forma que primera y mayormente necesita ser enriquecida -transformada es la liturgia que fue apresuradamente diseñada hace cuarenta años. De hecho, como señala Nicola Bux, “[uno] tiene que admitir que la Misa de Pablo VI está lejos de contener todo lo que se encuentra en el Misal de San Pío V”.

Se ha hecho costumbre llamar “reforma de la reforma” a este proyecto de enriquecimiento transformación de la reforma de Pablo VI en vistas a hacerla más tradicional en contenido y en forma. Aunque sería una exageración decir que la reforma de la reforma es sólo un piadoso deseo, de todas formas debemos comprender plenamente que, así como lo referido a la forma extraordinaria, esta reforma de la reforma está en sus comienzos

Para Nicola Bux, la crisis que lastimó a la liturgia romana se debe a que ya no está centrada en Dios y en su adoración, sino en la gente y la comunidad. “Al principio está la adoración, y por lo tanto donde Dios está hay adoración (…) La Iglesia proviene de la adoración, de la misión de glorificar a Dios”, escribió alguna vez Joseph Ratzinger sobre el asunto. La crisis en la liturgia comienza en el momento en que ésta cesa de ser adoración, cuando se reduce a la celebración de una comunidad específica en la que los sacerdotes y obispos, en lugar de ser ministros, es decir, servidores, se transforman en “líderes”. Es por esto que hoy “la gente pide más y más respeto para asegurarse un espacio de silencio, en vistas a una participación íntima y de fe en los Sagrados Misterios”.

El orden del día es, pues, volver a enseñar a un clero herido en su praxis y conciencia ritual que la Liturgia es sagrada y divina, que viene de lo alto como la Liturgia de la Jerusalén Celestial del Apocalipsis. “En conexión con esto, deberían existir esfuerzos para descubrir por qué, a pesar de las apariencias, el vernáculo no logra finalmente hacer comprensible la Liturgia”. El sacerdote necesita aprender una vez más cómo llevar a cabo los Santos Misterios in Persona Christi, en la Iglesia, como su ministro, y no como coordinador de una asamblea cerrada en sí misma, que es en lo que se ha transformado.

No obstante la seriedad de las conclusiones alcanzadas por Mons. Bux en particular y por los “hombres del Papa” en general – una conclusión que es conforme al pensamiento del Santo Padre sobre el tema – ninguno de ellos quiere leyes y decretos diseñados para dar todo vuelta en una forma autoritaria, como hicieron aquellos de la era Bugnini. Aunque la Iglesia está hoy, litúrgicamente hablando, bastante enferma, ellos prefieren actuar con la suave medicina del ejemplo: el ejemplo del Sumo Pontífice en primer lugar, luego el de aquellos obispos que deseen dar el ejemplo como él lo hace.

Así, Benedicto XVI multiplica los ligeros movimientos que parecen afectar asuntos insignificantes; después de todo, la Liturgia está hecha de una colección de detalles: la muy dignificada forma de las celebraciones pontificias; la belleza de los ornamentos litúrgicos de la sacristía de San Pedro que el maestro de ceremonias pontificio, Mons. Guido Marini, está usando una vez más; la colocación de grandes candelabros en el altar, que disminuye el efecto teatral de mirar a la gente; y sobre todo, la distribución de la Comunión en la lengua y de rodillas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los obispos les corresponde seguir el ejemplo en sus celebraciones litúrgicas. Es asunto de público conocimiento que el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de Bologna, uno de los obispos italianos teológicamente sólidos, ha decidido recientemente el 27 de abril de 2009 ordenar que “en vistas a la frecuencia con la que se informa de actitudes irreverentes en el acto de recibir la Eucaristía, desde este día en adelante, en la iglesia metropolitana de San Pietro, en la basílica de San Petronio y en el santuario de la Bienaventurada Virgen María de San Luca en Bologna, los fieles recibirán el Pan Consagrado solamente de manos de un ministro directamente en la lengua”. 

Por su parte, tanto el Obispo Schneider como Domo Mauro Gagliardi piden que se recuerde firmemente que el modo “normal” de recibir la Comunión es en la boca, y que la Comunión en la mano es sólo un modo “tolerado”, si bien ha sido el más difundido por un largo tiempo. Tal exhortación es muy importante para el renacimiento de la fe en la Presencia Real. El respeto por lo divino y por lo santo se expresa por medio de signos de reverencia, según el mismo Mons. Bux.  
 
Extractos traducidos de un artículo sobre el Motu Proprio “Summorum Pontificum” y la reforma de la reforma publicado por Paix Liturgique.
 




Belleza de la liturgia tradicional (IV)

12 01 2010

 

Solemne pontifical celebrado por el Card. Cañizares 

 

 

 

       

Fuente: The New Liturgical Movement





Apostolado especial confiado por la Santa Sede

11 01 2010

El pasado año 2009, el Santo Padre confió al monasterio benedictino de Nursia un apostolado especial consistente en celebrar ambas formas del Rito Romano.  En la carta,  traducida a continuación,  el Papa, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei recuerda, clara y explícitamente,  la importancia de la liturgia en la unidad de la Iglesia. Además, resultará para muchos  significativo que se considere la Liturgia  un apostolado, sin embargo, la sana liturgia, es verdadero y eficaz apostolado, es “fuente y culmen de la vida de la Iglesia”, la catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental” (CATIC 1074), “la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada” (SC 64).

Reverendísimo Padre Prior:

Su Santidad Papa Benedicto XVI, desde el inicio de su pontificado, ha hecho conocer su deseo de promover la unidad de la Iglesia. Como en el pasado, también hoy, la cuidada celebración de los Santos Misterios es un instrumento muy eficaz para alcanzar este objetivo. Por este motivo, fiel a la intención manifestada con el Motu Proprio “Summorum Pontificum”, esta Pontificia Comisión, yendo al encuentro de Sus solicitudes, confía al Monasterio de San Benito en Nursia el apostolado especial de la celebración de la Santa Eucaristía “in utroque usu”, es decir tanto en la forma ordinaria como extraordinaria del Rito Romano, en colaboración con la Santa Sede y en comunión con el Obispo diocesano.

Confío en que Su joven comunidad benedictina acompañará siempre la actividad pastoral del Sumo Pontífice con su oración fiel.

Con mis mejores felicitaciones pascuales,

Darío Cardenal Castrillón Hoyos

Presidente.

 Algunas imágenes de este apostolado.





Reforma Litúrgica

11 01 2010

El Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha concedido una muy interesante entrevista al vaticanista Paolo Rodari. Ofrecemos nuestra traducción de la misma, en la cual trata ampliamente el tema de la Sagrada Liturgia en el pontificado de Benedicto XVI, los actuales trabajos de su Dicasterio, la necesidad de impulsar un nuevo movimiento litúrgico y la situación de la Iglesia en España frente a la ofensiva laicista. 

 El ex arzobispo de Toledo y primado de España, cardenal Antonio Cañizares Llovera, dirige el “ministerio” vaticano que se ocupa de liturgia desde hace poco más de un año. Una tarea delicada en un pontificado, como el de Benedicto XVI, en el que la liturgia y su “reestructuración” después de las derivas post-conciliares tienen un rol central. Como central, por otro lado, es la liturgia en la vida de los fieles. Lo ha dicho el Papa en la noche de Navidad: al igual que para los monjes, también para cada hombre “la liturgia es la primera prioridad. Todo lo demás viene después”. Es necesario “poner en segundo plano otras ocupaciones, por más importantes que sean, para encaminarnos hacia Dios, para dejar que entre en nuestra vida y en nuestro tiempo”. Lo que dice Cañizares a Il Foglio es más que un balance después de un año transcurrido en la Curia romana:

“He recibido la misión de llevar a término, con la indispensable y valiosa ayuda de mis colaboradores, aquellos deberes que están asignados a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en la constitución apostólica Pastor Bonus de Juan Pablo II , respecto a la ordenación y a la promoción de la sagrada liturgia, en primer lugar de los sacramentos.Por la situación religiosa y cultura en que vivimos, y por la misma prioridad que corresponde a la liturgia en la vida de la Iglesia, creo que la misión principal que he recibido es promover con total dedicación y compromiso, reavivar y desarrollar el espíritu y el verdadero sentido de la liturgia en la conciencia y en la vida de los fieles. Que la liturgia sea el centro y el corazón de la vida de las comunidades; que todos, sacerdotes y fieles, la consideremos como sustancial e imprescindible en nuestra vida; que vivamos la liturgia en plena verdad y que vivamos de ella; que sea en toda su amplitud, como dice el Concilio Vaticano II, «fuente y culmen» de la vida cristiana.

Después de un año al frente de esta Congregación, cada día experimento y siento con mayor fuerza la necesidad de promover en la Iglesia, en todos los continentes, un impulso litúrgico fuerte y riguroso que haga revivir la riquísima herencia del Concilio y de aquel gran movimiento litúrgico del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX – con hombres como Guardini, Jungmann y muchos otros – que hizo fecunda la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Allí, sin ninguna duda, está nuestro futuro y el futuro mismo del mundo. Digo esto porque el futuro de la Iglesia y de toda la humanidad está en Dios, en el vivir de Dios y de lo que viene de Él: y esto ocurre en la liturgia y a través de ella. Sólo una iglesia que viva de la verdad de la liturgia será capaz de dar lo único que puede renovar, transformar y recrear el mundo: Dios; sólo Dios y Su gracia. La liturgia, su característica más propia, es presencia de Dios, obra salvífica y regeneradora de Dios, comunicación y participación de Su amor misericordioso, adoración, reconocimiento de Dios. Es lo único que puede salvarnos.

Guardini, Jungmann, dos pilares de la renovación litúrgica de las pasadas décadas. Figuras en las cuales se ha inspirado también Joseph Ratzinger en su “Introducción al espíritu de la liturgia”. Figuras que, probablemente, lo han inspirado también en la promulgación del Motu Proprio “Summorum Pontificum”. Se ha dicho que el Motu Proprio ha representando también (aunque algunos dicen que principalmente) una mano tendida del Papa a los lefebvristas. ¿Es así?

De hecho, lo es. Sin embargo, creo que el Motu Proprio tiene un valor muy grande en sí mismo, y para la Iglesia y la liturgia. Si bien a algunos esto les disgusta, a juzgar por las reacciones que llegaron y que continúan llegando, es justo y necesario decir que el Motu Proprio no es un paso atrás ni un retorno al pasado. Es reconocer y acoger, con sencillez y en toda su amplitud, los tesoros y la herencia de la gran Tradición que tiene en la liturgia su expresión más auténtica y profunda. La Iglesia no puede permitirse prescindir, olvidar o renunciar a los tesoros y a la rica herencia de esta tradición, contenida en el Rito romano. Sería una traición y una negación de sí misma. No se puede abandonar la herencia histórica de la liturgia eclesiástica, ni querer establecer todo ex novo, como algunos pretenderían, sin amputar partes fundamentales de la misma Iglesia.

Algunos entendieron la reforma litúrgica conciliar como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la Tradición. En aquellos años del post-Concilio, el «cambio» era una palabra casi mágica; había que modificar todo lo que había estado antes hasta el punto de olvidarlo; todo nuevo; era necesario introducir novedades, en el fondo, obra y creación humana. No podemos olvidar que la reforma litúrgica y el post-Concilio coincidieron con un clima cultural marcado o dominado intensamente por una concepción del hombre como «creador» que difícilmente estaba en sintonía con una liturgia que es, sobre todo, acción de Dios y prioridad suya, derecho de Dios, adoración de Dios y también tradición lo que hemos recibido, de lo que se nos ha dado de una vez para siempre.

La liturgia no la hacemos nosotros, no es nuestra obra, sino de Dios. Esta concepción del hombre «creador» que conduce a una visión secularizada de todo donde Dios, con frecuencia, no tiene un lugar, esta pasión por el cambio y la pérdida de la tradición, todavía no ha sido superada. Y esto, en mi opinión, entre otras cosas, ha hecho que algunos vieran con tanto recelo el Motu Proprio, o que a algunos les desagrade recibirlo y acogerlo, reencontrar las grandes riquezas de la tradición litúrgica romana que no podemos dilapidar, o buscar y aceptar el enriquecimiento recíproco entre la forma «ordinaria» y la «extraordinaria» en el único Rito romano.

 El Motu Proprio Summorum Pontificum es un valor grandísimo, que todos deberíamos apreciar. No sólo tiene que ver con la liturgia sino con el conjunto de la Iglesia, con lo que es y significa la tradición, sin la cual la Iglesia se convierte en una institución humana que cambia y, por supuesto, también se relaciona con la lectura y la interpretación que se hace o se hizo del Concilio Vaticano II. Cuando se lee y se interpreta en clave de ruptura o de discontinuidad, no se entiende nada del Concilio y se lo tergiversa totalmente. Por eso, como indica el Papa, sólo una «hermenéutica de la continuidad» nos lleva a una lectura justa y correcta del Concilio, y a conocer la verdad de lo que dice y enseña en su totalidad y, particularmente, en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la divina liturgia, la cual es inseparable, por lo tanto, de este mismo conjunto. El Motu Proprio, en consecuencia, tiene también un valor altísimo para la comunión de la Iglesia.

El Papa está detrás del lento pero necesario proceso de reacercamiento de la iglesia a un auténtico espíritu litúrgico. Sin embargo, no faltan divisiones y contraposiciones. Sobre esto habla el cardenal Cañizares:

El gran aporte del Papa, en mi opinión, es que nos está llevando hasta la verdad de la liturgia. Con una sabia pedagogía, nos está introduciendo en el auténtico espíritu de la liturgia (como dice el título de unas de su obras principales antes de convertirse en Papa).

Él, ante todo, está siguiendo un sencillo proceso educativo que pretende ir hacia este espíritu o sentido auténtico de la liturgia para superar una visión estrecha de la liturgia que está muy arraigada. Sus enseñanzas tan ricas y abundantes en este campo, como Papa y también antes de serlo, así como los sugestivos gesto que están acompañando las celebraciones que preside, van en esta misma dirección. Acoger estos gestos y estas enseñanzas es un deber que tenemos si estamos dispuestos a vivir la liturgia de un modo conforme a su misma naturaleza y si no queremos perder los tesoros y las herencias litúrgicas de la tradición. Además, constituyen un verdadero don para la formación, tan urgente y necesaria, del pueblo cristiano.

En esta perspectiva, hay que ver el mismo Motu Proprio que ha confirmado la posibilidad de celebrar con el rito del Misal romano aprobado por Juan XXIII y que se remonta, con las sucesivas modificaciones, al tiempo de san Gregorio Magno y aún antes. Es cierto que hay muchas dificultades que están teniendo quienes, en el uso de lo que es un derecho, celebran o participan en la Santa Misa conforme al «rito antiguo» o «extraordinario». En realidad, no habría necesidad de esta oposición, ni mucho menos de ser vistos con sospecha, o de ser etiquetados como «preconciliares» o, peor aún, «anticonciliares». Las razones de esto son múltiples y diversas; sin embargo, son las mismas que llevaron a una reforma litúrgica entendida como ruptura y no en el horizonte de la tradición y de la hermenéutica de la continuidad que reclama la renovación y la verdadera reforma litúrgica en la clave del Vaticano II. No podemos olvidar, además, que en la liturgia se toca lo más importante de la fe y de la Iglesia y, por eso, cada que vez que en la historia se ha tocado algo de la liturgia, no ha sido raro que hubiera tensiones e incluso divisiones.

Desde el discurso de Benedicto XVI a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, la necesidad de leer el Vaticano II no en una óptica de discontinuidad con el pasado sino de continuidad se ha hecho central en el actual pontificado. ¿Qué significa esto desde el punto de vista litúrgico?

Significa, entre otras cosas, que no podemos llevar a cabo la renovación de la liturgia y ponerla en el centro y en la fuente de la vida cristiana si nos ponemos frente a ella en clave de ruptura con la tradición que nos precede y que lleva esta rica corriente de vida y de don de Dios que ha alimentado y dado vida al pueblo cristiano. Las enseñanzas, las indicaciones, los gestos de Benedicto XVI son fundamentales en este sentido. Para esto, es necesario favorecer el conocimiento sereno y profundo de todo lo que nos está diciendo, incluyendo aquello que ha dicho antes de ser Papa, y que tan claramente se refleja, por ejemplo, en su Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis.

La Congregación que Cañizares preside se ha reunido en el pasado mes de marzo en asamblea plenaria y ha presentado unas proposiciones al Papa.

La asamblea plenaria de la Congregación se ha ocupado, sobre todo, de la adoración eucarística, de la Eucaristía como adoración, y de la adoración fuera de la Santa Misa. Han sido aprobadas algunas conclusiones que luego fueron presentadas al Santo Padre. Estas conclusiones prevén un plan de trabajo de la Congregación para los próximos años, que el Papa ha ratificado y animado.

Todas se mueven en la línea de reavivar y promover un nuevo movimiento litúrgico que, fiel en todo a las enseñanzas del Concilio y siguiendo las enseñanzas de Benedicto XVI, ponga la liturgia en el puesto central que le corresponde en la vida de la Iglesia. Las conclusiones de las proposiciones conciernen al impulso y la promoción de la adoración al Señor, base del culto que se debe dar a Dios, de la liturgia cristiana; inseparable de la fe en la presencia real y sustancial de Cristo en el Sacramento eucarístico; absolutamente necesaria para una Iglesia viva. Poner un freno y corregir los abusos, que desgraciadamente son muchos, no es algo que se derive de la plenaria de la Congregación sino que es algo que reclama la misma liturgia, y la vida y el futuro de la Iglesia, y la comunión con ella. Sobre esto, sobre tantos abusos litúrgicos y su corrección, algunos años atrás la Congregación publicó una instrucción importantísima, la Redemptionis Sacramentum, y a ella debemos remitirnos todos. Es un deber urgentísimo corregir los abusos existentes si queremos, como católicos, llevar algo al mundo para renovarlo. Las proposiciones no se ocupan de poner freno a la creatividad sino, más bien, de animar, favorecer y reavivar la verdad de la liturgia, su sentido más auténtico y su espíritu más genuino. No podemos tampoco olvidar o ignorar que la creatividad litúrgica, como con frecuencia se la ha entendido y se la entiende, es un freno a la liturgia y la causa de su secularización, porque está en contradicción con la naturaleza misma de la liturgia. 

(…)

Realmente es muy importante que las celebraciones tengan y fomenten el sentido de lo sagrado, del Misterio, que reaviven la fe en la presencia real del Señor y en el don de Dios que actúa en ella, así como la adoración, el respeto, la veneración, la contemplación, la oración, la alabanza, la acción de gracias, y muchas otras cosas que corren el riesgo de diluirse.

Cuando participo o veo la liturgia del Papa, que ya ha incorporado algunos de estos elementos, me convenzo cada vez más de que no son aspectos casuales sino que, en cambio, tienen una fuerza expresiva y educativa en sí mismos y en la verdad de la celebración, cuya ausencia se nota.

(…)

Extraído del blog “La buhardilla de Jerónimo”





Belleza de la liturgia tradicional (III)

9 01 2010





Una nueva reforma litúrgica

8 01 2010

Monseñor Guido Marini, maestro de ceremonias del Papa, ha pedido que se lleve a cabo la «reforma de la reforma» litúrgica en una conferencia que dio el pasado 6 de enero, organizada por la Confraternidad del Clero Católico de Australia y Estados Unidos. Monseñor Marini explicó que esta medida debería suponer un paso adelante en el entendimiento del auténtico espíritu de la liturgia. El responsable de la liturgia vaticana aseguró que una renovación de la liturgia debería de reflejar «la ininterrumpida tradición de la Iglesia» incorporando las sugerencias del Vaticano II en el seno de dicha tradición. Las reformas conciliares, insistió, deben ser entendidas en el contexto de continuidad con las tradiciones de los siglos precedentes.

La única disposición que nos permite atenernos al auténtico espíritu de la liturgia“, aseveró el sacerdote, “es considerar tanto la actual como la pasada liturgia como un único patrimonio en continuo desarrollo“.

Monseñor Marini lamentó que la necesidad de la renovación sea evidente debido a la extensión mundial de los abusos litúrgicos. “No es difícil darse cuenta qué lejos están algunas conductas del verdadero espíritu litúrgico“, afirmó el presbítero, quien añadió que “nosotros, los sacerdotes, somos los principales responsables de ello“.

Citando las obras del por entonces cardenal Ratzinger, antes de su elección como Benedicto XVI, el liturgista italiano enfatizó que la forma de la liturgia es establecida por la Iglesia y no puede ser alterada arbitariamente por ningún sacerdote. En ese sentido, el padre Marini condenó el “comportamiento despótico” de los sacerdotes que se saltan las reglas litúrgicas y enfatizó que la liturgia “no está disponible para que nosotros hagamos una interpretación personal de la misma“.

Monseñor Marini afirmó: “¡Qué locura es, efectivamente, que reclamemos para nosotros el derecho a cambiar, de forma subjetiva, los signos sagrados que el tiempo ha ido tamizando, a través de los cuales la Iglesia habla de sí misma, de su identidad y de su fe!

El liturgista vaticano abogó además por la celebración tradicional cara “ad orientem”, que es la que tiene sus raíces en los orígenes del cristianismo. “En nuestro tiempo“, aseguró, “la expresión `celebrando de cara al pueblo´ ha entrado en nuestro vocabulario común. Si la intención el usar esa expresión es describir la localización del sacerdote, quien, dado el hecho de que hoy el mismo se encuentra mirando a la congregación debido a la posición del altar, entonces es aceptable. Pero sería absolutamente inaceptable en el momento en que fuera usada como una proposición teológica. Teológicamente hablando, la Santa Misa, de hecho, está siempre dirigida hacia Dios a través de Cristo nuestro Señor y sería un grave error imaginar que la orientación principal del acto sacrificial es la comunidad“.

Monseñor Marini aseguró que cada uno de los aspectos de la liturgia debe estar destinado a promover la adoración. El clérigo señaló que el Papa Benedicto ha empezado la práctica de dar la comunión a los fieles en la lengua mientras están arrodillados, lo cual es una “señal visible de una apropiada actitud de adoración delante de la grandeza del misterio de la presencia eucarística de nuestro Señor“.

El padre Marini, a la vez que animó de corazón a una participación de todos en la liturgia, dijo que la misma “no sería realmente una participación activa si no condujera a la adoración del misterio de la salvación en Cristo Jesús, quien murió y resucitó por nosotros“.

Extraído de Infocatólica





El santo hábito

4 01 2010

 

Código de Derecho Canónico

Canon 284.

Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar.

Canon 669.

1. Los religiosos deben llevar el hábito de su instituto, hecho de acuerdo con la norma del derecho propio, como signo de su consagración y testimonio de pobreza.

2. Los religiosos clérigos de un instituto que no tengan hábito propio, usarán el traje clerical, conforme a la norma del canon 284.

Si atendemos a la literalidad de estos dos cánones comprobamos que no muestran  una posibilidad sino que expresan una obligación “han de vestir un traje eclesiástico digno” “deben llevar el hábito” . La realidad, sin embargo, es muy distinta, muchísimas órdenes religiosas han dejado de lado el uso del santo hábito, argumentando para ello cuestiones como la “inculturación” y relativizando hasta el extremo la importancia de su uso. En los sacerdotes, tanto regulares como seculares, ocurre un tanto de lo mismo.

Quizás, hoy más que nunca son necesarios los signos externos, vivimos en la sociedad de la imagen y de la comunicación, también comunicación no verbal,  una sociedad cansada de palabras del mundo y sedienta de testimonio verdadero.  ¿Cuántos sacerdotes y religiosos, vestidos como tales, no han tenido la experiencia de ser solicitados por la calle por personas desconocidas que les  piden confesión o necesitan ser escuchadas? y  ¿Cuántos laicos no se habrán sentido interpelados en su fe por la visible presencia de una persona consagrada o de un sacerdote en medio de un entorno laicista y pagano?

Cabría recordar que el santo hábito no es una simple vestimenta ordinaria, es una prenda sagrada que ha sido bendecida e impuesta en el contexto de una celebración religiosa, por razón de su singularidad. Vestir el santo hábito no sólo es un acto de obediencia a la Iglesia sino que es un acto de humildad y pobreza; no visto como yo quiero o  como el mundo quiere. Vestir esta prenda sagrada es una oración constante que clama  al propio religioso y al mundo entero que quíen lo lleva se ha consagrado al Altísimo. Es un testimonio silencioso pero muy elocuente.   Ser religioso y parecerlo es una prueba  de la coherencia tan demandada en nuestros días.  La realidad, tan tozuda, demuestra que aquellas órdenes religiosas más secularizadas son igualmente aquellas donde la crisis vocacional está más acentuada, la razón es bien lógica,  difícilmente un joven  decidirá ser religioso para vivir, de hecho, como un simple laico.

Si observamos a un niño especulando qué será de mayor vemos cómo muchos quieren ser futbolistas, o policías o bomberos, identificando, por los signos externos cada una de esas profesiones. Si cambiamos el equipaje de futbol, el uniforme de policía o el de bombero por ropa común, y si además cada cual se inventa sus reglas de juegos en el futbol, y cambiamos los roles de las otras dos profesiones ¿podría el niño, o cualquiera, tener referente definido de lo que es un futbolista, un policía o un bombero?.  Salvando las distancias, pues estos son modos para vivir , con la vida religiosa y sacerdotal, modos de vida, ocurre lo mismo,  la inculturación no puede significar perder la singularidad propia,  eso sería secularización y ya estamos viendo los resultados.

Afortunadamente, como muestran las fotografías, hay un  progresivo cambio de tendencia en las nuevas generaciones, deseosos de una vida religiosa íntegra.





Belleza de la liturgia tradicional (II)

3 01 2010

Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla !
Quantus tremor est futurus,
quando judex est venturus,
cuncta stricte discussurus !
Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
judicanti responsura.
Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde Mundus judicetur.
Judex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus ?
Quem patronum rogaturus,
cum vix justus sit securus ?
Rex tremendæ majestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.
Recordare, Jesu pie,
quod sum causa tuæ viæ ;
ne me perdas illa die.
Quærens me, sedisti lassus,
redemisti crucem passus,
tantus labor non sit cassus.
Juste Judex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.
Ingemisco, tamquam reus,
culpa rubet vultus meus,
supplicanti parce Deus.
Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.
Preces meæ non sunt dignæ,
sed tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.
Inter oves locum præsta,
et ab hædis me sequestra,
statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.
Pie Jesu Domine,
dona eis requiem. Amen.
Día de la ira, aquel día
en que los siglos se reduzcan a cenizas;
como testigos el rey David y la Sibila.
¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir
a juzgar todo estrictamente!
La trompeta, esparciendo un sonido admirable
por los sepulcros de todos los reinos
reunirá a todos ante el trono.
La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando resucite la criatura
para que responda ante su juez.
Aparecerá el libro escrito
en que se contiene todo
y con el que se juzgará al mundo.
Así, cuando el juez se siente
lo escondido se mostrará
y no habrá nada sin castigo.
¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?
¿A qué protector rogaré
cuando ni los justos estén seguros?
Rey de tremenda majestad
tú que, al salvar, lo haces gratuitamente,
sálvame, fuente de piedad.
Acuérdate, piadoso Jesús
de que soy la causa de tu calvario;
no me pierdas en este día.
Buscándome, te sentaste agotado
me redimiste sufriendo en la cruz
no sean vanos tantos trabajos.
Justo juez de venganza
concédeme el regalo del perdón
antes del día del juicio.
Grito, como un reo;
la culpa enrojece mi rostro.
Perdona, señor, a este suplicante.
Tú, que absolviste a Magdalena
y escuchaste la súplica del ladrón,
me diste a mí también esperanza.
Mis plegarias no son dignas,
pero tú, al ser bueno, actúa con bondad
para que no arda en el fuego eterno.
Colócame entre tu rebaño
y sepárame de los machos cabríos
situándome a tu derecha.
Tras confundir a los malditos
arrojados a las llamas voraces
hazme llamar entre los benditos.
Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino.
Día de lágrimas será aquel renombrado
en que resucitará, del polvo
para el juicio, el hombre culpable.
A ese, pues, perdónalo, oh Dios.
Señor de piedad, Jesús,
concédeles el descanso. Amén.




Belleza de la liturgia tradicional

2 01 2010


Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

“Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.”

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quem ad modum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.





Al comienzo del Año Nuevo

1 01 2010

Ruega  por  tus hijos, también por los concebidos y  no nacidos.                                  

Con la Solemnidad de Santa María Madre de Dios comenzamos un nuevo año. Nos ponemos bajo la protección de la Medianera de todas las gracias y desde este blog le rogamos por España, país desde el que editamos este blog,  especialmente  para que esta sociedad enferma sane y la cultura de la muerte se convierta en cultura de  vida, en todos los sentidos, también de vida de gracia.   

El Papa Benedicto XVI presidió ayer a las seis en la Basílica Vaticana las primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, con la adoración del Santísimo Sacramento, el canto del tradicional himno del Te Deum de acción gracias y la bendición eucarística. El Pontífice llegó en procesión al altar de la Confesión mientras el coro cantaba el himno Tu es Petrus. En su breve homilía, el Santo Padre afirmó: «Con la encarnación del Hijo de Dios, la eternidad entró en el tiempo y la historia del hombre se abrió a su plenitud en el absoluto de Dios. El tiempo ha sido –se puede decir–“tocado” por Cristo, el Hijo de Dios y de María, y de él ha recibido un significado nuevo y sorprendente: se ha convertido en tiempo de salvación y de gracia». «Es precisamente en esta perspectiva –continuó Benedicto XVI– cómo debemos considerar el paso de un año a otro, para poner nuestra vida bajo el signo de la salvación y para agradecer a Dios habernos dado “’la insólita posibilidad” de ser sus hijos».

Algunos extractos han sido obtenidos del portal Infocatólica